Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 2 - 2005

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Todos lloramos el 11 de septiembre
Por Enrique Álvarez - Guatemala, 12 de septiembre de 2005
ealvarez@i-dem.org

Todos lloramos por el 11S, que para nosotros los que vivimos y sentimos a la América Latina y sus “Venas abiertas”, tiene un significado que va mucho más allá de los miles de muertos de New York, hace cuatro años, producto del terrorismo fundamentalista, por demás repudiable. Allí, en los edificios del Centro del Comercio Mundial y en los 2749 fallecidos de múltiples nacionalidades, se puede sintetizar el drama y la polarización a los que ha sido llevado el mundo, producto de la imposición de la violencia, del guerrerismo y la agresión que unos pocos se permiten emprender contra otros muchos.

Los latinoamericanos también lloramos por el asesinato de la antropóloga Myrna Elizabeth Mack Chang, quien buscando encontrar la verdad e interpretar el sufrimiento de la población rural -producto de la violencia institucionalizada implementada por el desnaturalizado Estado contrainsurgente - encontró la muerte un 11S de 1990, ejecutada por agentes del extinto Estado Mayor Presidencial.

Los esbirros que la agredieron con furia, buscando callarla, cerraron su boca, buscando que no escribiera la verdad, inmovilizaron sus manos; pero despertaron la fuerza del amor que la hizo alcanzar la inmortalidad.

Pero esa fuerza que empujó a una mujer de valor inconmensurable, su hermana Hellen, para enfrentar a los poderes abiertos y encubiertos en desigual lucha, a la que se incorporó Lucrecia, la hija de Myrna, unos años más tarde, cuando tuvo la edad para hacerlo, hizo algo más que encontrar la verdad y gritarla al mundo: contribuyó a derribar de forma lenta y paulatina, pero segura, el muro de la impunidad.

Por la firmeza y entereza de Hellen, se logró enjuiciar a los culpables, primero al esbirro, al instrumento, a la bestia más abyecta (pero no la única), que se encuentra en prisión. Más tarde a los ¿cerebros?, bueno a los jefes, a los que arrogándose la definición de los supremos intereses de la Nación decidieron que la vida de Myrna debía ser segada, y cuyo juicio nos ayudó a confirmar la debilidad del sistema de justicia, lo que permitió a su principal responsable fugarse y evitar la cárcel.

Casi quince años más tarde, en emotivo acto y en presencia de su familia, acompañada de una diversidad de invitados, pero también de oficiales del Ejército de todos los niveles, el Presidente Berger pidió perdón, en nombre del Estado, por la muerte de Myrna Mack. Y ayer, en la conmemoración del 15 aniversario de su brutal asesinato, y en cumplimiento a la sentencia dictada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos -CIDH- en noviembre del 2003, se designó con su nombre la calle del centro capitalino en donde fue asesinada, y además se develó una placa conmemorativa en su honor.

Todo ello con el propósito de contribuir a despertar la conciencia pública sobre estos hechos de sangre que enlutaron al país y buscando que no se repitan, pero fundamentalmente buscando conservar viva la memoria de Myrna Mack.

Pero los latinoamericanos también conmemoramos otro 11S, el que sumió en la brutalidad de la muerte y la represión generalizada al pueblo chileno. La brutal respuesta de los de siempre al intento de construir la independencia económica por la vía del socialismo, a la búsqueda del ejercicio de la soberanía se respondió con la agresión imperial orquestada por la Agencia Central de Inteligencia, CIA, conspiración que contó con el irrestricto apoyo de la transnacional de las comunicaciones ITT (que en Chile jugó el papel de la United Fruit Co., en Guatemala en el 54); y por supuesto, ¡cómo no!, de un grupo de militares que, encabezados por el sátrapa Pinochet, asesinaron y torturaron en nombre de la democracia y el progreso.

Los principales apoyos estuvieron en el Departamento de Estado de Henry Kissinger y el odiado Nixon (por 1954 y ese 1973), el que más tarde tuvo que salir vergonzosamente de la presidencia de los Estados Unidos. La participación de los norteamericanos en ese oprobioso y cruento golpe está documentado que se produjo al más alto nivel.

Treinta años más tarde, hemos podido conocer las interioridades de toda la podredumbre (en los millonarios robos del general Pinochet), sobre la que se construyó el “milagro chileno”, en donde los “Chicago boys” (economistas neoliberales de la escuela de Chicago), implementaron el más exitoso y emblemático proyecto económico neoliberal, el que con todas las ventajas de un mercado en expansión hizo crecer de forma impresionante a la economía chilena, pero es, al mismo tiempo, la más clara muestra de cómo ese crecimiento basado en la deidad mercado, también produce desigualdad y no genera desarrollo social.

Qué mejor homenaje para el tan admirado y recordado Compañero Presidente Allende que recoger en este humilde homenaje el poema que Beneditti le escribiera, recogiendo en breves frases (como sólo puedo hacerlo un poeta universal) toda la inmensidad de su significado y todo el dolor de América Latina por ese 11S de 1973.

Allende: Para matar al hombre de la paz

para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla,
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que congregar todos los odios
y además los aviones y los tanques,
para batir al hombre de la paz
tuvieron que bombardearlo hacerlo llama,
porque el hombre de la paz era una fortaleza
Para matar al hombre de la paz
tuvieron que desatar la guerra turbia,
para vencer al hombre de la paz
y acallar su voz modesta y taladrante
tuvieron que empujar el terror hasta el abismo
y matar mas para seguir matando,
para batir al hombre de la paz
tuvieron que asesinarlo muchas veces
porque el hombre de la paz era una fortaleza,
Para matar al hombre de la paz
tuvieron que imaginar que era una tropa,
una armada, una hueste, una brigada,
tuvieron que creer que era otro ejercito,
pero el hombre de la paz era tan solo un pueblo
y tenia en sus manos un fusil y un mandato
y eran necesarios mas tanques mas rencores
mas bombas más aviones más oprobios
porque el hombre de la paz era una fortaleza
Para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla,
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que afiliarse siempre a la muerte
matar y matar mas para seguir matando
y condenarse a la blindada soledad,
para matar al hombre que era un pueblo
tuvieron que quedarse sin el pueblo.

Mario Benedetti

Fuente: www.i-dem.org

 


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.