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Cambios en el contexto político-económico de Estados Unidos (y II)
Por Enrique Álvarez - Guatemala, 18 de enero de 2007
ealvarez@i-dem.org

El tan publicitado discurso a la Nación del Presidente Bush, como acostumbran llamar a este tipo de mensajes presidenciales, resultó ser exactamente lo que se esperaba, y a pesar de las reuniones previas, en las que el Presidente trató de convencer al liderazgo del Partido Demócrata sobre su contenido, el rechazo de éstos no se hizo esperar.

Lo más interesante no es que George Bush reconozca la crisis y que su estrategia está fracasando en Iraq, sino que personalmente asuma la responsabilidad de los errores que se han cometido, aunque esto, finalmente, sólo trate de ejercer control de daño a favor de su Partido Republicano, el que, por cierto, tampoco le apoya incondicionalmente como se demostró al día siguiente del discurso.

El Presidente trató de promover lo que él considera los aspectos más positivos de su política en Iraq, en los que sobresalen las elecciones de 2005, tan anunciadas como el inicio de la estabilización del país árabe. Pero la verdad es que es muy difícil aceptar que algo bueno ha pasado en Iraq. De todo el mundo es sabido que la elección de un Gobierno de unidad nacional, es casi imposible en un país que tiene diferencias tan profundas entre diversas etnias, las que se vieron potenciadas por la preeminencia de una de las dos más importantes: los sunitas, a la que pertenecía Saddam Hussein y que la ocupación ha desatado.

En todo caso, el gobierno iraquí sólo es la expresión de un grupo de dirigentes de cúpulas, que no tienen la posibilidad de ejercer la representación de todo el pueblo iraquí, y mucho menos de legitimarse. Lo que los medios han dado en llamar guerra sectaria, que no es más que la exacerbación de las diferencias étnicas y religiosas, principalmente entre sunitas y chiítas, ya ha producido cientos de víctimas; y esas contradicciones sólo se ven disminuidas cuando se trata de enfrentar al que todos identifican como enemigo común: el imperialismo invasor.

Respecto del referido discurso, más allá de las expresiones tendientes a buscar otros culpables por el desastre en que se ha convertido Iraq, como las responsabilidades que el Presidente Bush adjudica a Siria, o de errores que reconoce al no haber aumentado las fuerzas en Iraq el año pasado, lo que para toda la gente está claro, es que la incapacidad de las fuerzas estadounidenses de ocupación es lo que motiva la presentación de la “nueva” estrategia que, en realidad, es un poco más de lo mismo, sólo que en condiciones más desventajosas, el aumento de los 21 500 efectivos que anunció el Presidente, ha sido desaconsejado por algunos generales del alto mando militar que no ven posibilidades de ganar la guerra; e internamente produce enfrentamientos entre el Presidente y el Congreso.

Incluso el Presidente Bush, buscando ser honesto advirtió que, en un plazo inmediato (sin definirlo), la estrategia no traería menos violencia. "Aunque nuestra nueva estrategia funcione tal cual está previsto, los actos mortíferos de violencia continuarán y debemos prever que habrá más bajas iraquíes y estadounidenses". "La cuestión es si nuestra nueva estrategia nos acercará al éxito. Yo creo que sí".

En medio del círculo vicioso al que lo ha llevado la ocupación, que ya le ha costado más de 3 mil muertos y unos 4 mil millones de dólares, el Presidente piensa que es la forma de facilitar la salida de las tropas y evitar la creciente violencia; pero la Presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, no lo comparte (como tampoco lo hacen varios republicanos), dijo: "Esta es la tercera ocasión que intentamos esto. En dos ocasiones no ha funcionado". "¿Por qué están haciendo esto ahora los republicanos? Esa pregunta sigue sin respuesta". Y de las preguntas pasaron a la acción, en el Senado y la Cámara de Representantes los demócratas están organizando votaciones para pedir al presidente a que no envíe más soldados. Aunque no esté obligado a atenderlas, estas votaciones obligarían a los republicanos a fijar posición, ya sea oponiéndose o respaldando al Presidente.

Ante tantas resistencias internas, George W. Bush afirma estar tratando de evitar la destrucción de Irak; pero relativizó el compromiso y afirmó: "el compromiso de Estados Unidos no es por tiempo indeterminado". "Si el gobierno iraquí no cumple sus promesas, perderá el apoyo del pueblo estadounidense y perderá el apoyo del pueblo iraquí. Ahora es el momento de actuar".

La estrategia se basa en elevar el número de soldados en más de 20 mil; mejorar la capacidad de las fuerzas de seguridad iraquíes para proteger a la población civil; exigir progresos políticos al gobierno iraquí; financiar un programa de reconstrucción y desarrollo avaluado en U$1000 millones y adoptar una política firme frente a Irán y Siria, a quienes Bush acusa de desestabilizar a Irak.

Pero el discurso tampoco recibió mucho apoyo del público al que estaba destinado. La cadena CBS News reportó, 50% de los que lo vieron se oponen al plan y 37% lo aprueba. Pero el 60% rechaza el incremento de tropas, y el 70% opina que el presidente debe solicitar la aprobación del Congreso antes de enviar más tropas.

Pero tal vez más impactante es que una de las primera respuestas de rechazo vino de un colega del Presidente Bush: el senador Chuck Hagel, republicano de Nebraska, miembro de la Comisión de Relaciones Exteriores y de la Comisión Especial sobre Inteligencia; y que ha presidido la subcomisión de Política Económica Internacional, Promoción del Comercio y la Exportación y es copresidente de la Comisión Ejecutiva del Congreso sobre China; en resumen, uno de los políticos de más influencia de su partido, Hagel afirmó: es uno de los errores más grandes, desde la guerra de Viet Nam.

Por su parte los demócratas afirmaron que esta decisión no correspondía a la que el pueblo de Estados Unidos había pedido en las urnas y que, al enviar más soldados, incluso el presidente estaba ignorando el consejo de la mayoría de sus generales. Por otro lado, algunos de sus aliados en la lucha contra el terrorismo, como Gran Bretaña, Australia, Japón y Corea del Sur, apoyaron la nueva estrategia de Bush en Iraq, pero tomando distancia, descartaron la posibilidad de enviar más tropas.

Respecto de los cambios que podrían darse con la nueva situación que ha producido la mayoría demócrata en las dos Cámaras, las declaraciones de varios diputados y senadores demócratas, algunos de ellos de origen hispanoamericano, reflejan una clara comprensión de los gruesos errores de esta administración, la que ha concentrado su atención en temas de seguridad, sin poner atención al Continente, mientras su aislamiento político se vuelve casi generalizado en América Latina.

Así los senadores demócratas empiezan a prometer interesarse en la región. "Estamos decididos a hacer algo por la región", dijo Harry Reid, quien por ser el líder de la mayoría fijará los temas de debate en la cámara alta. "Y creemos que debemos hacerlo de una manera amplia". Anunció que ha hecho lo posible por incluir la reforma de las leyes de inmigración entre sus prioridades, tema por demás sensible para todos los países, demostrando que "hay diferencias fundamentales" entre el actual Congreso y el previo controlado por los republicanos. Habla de incluir aspectos de seguridad, un programa de trabajadores temporales, legalización y que propondrá una revisión de la ley que extendió las preferencias comerciales andinas hasta junio para ampliarlas "por años". Esa decisión beneficiaría directamente a Bolivia y Ecuador, que no han firmado TLC con Estados Unidos.

Por otro lado, los demócratas han anunciado que tomarán medidas contra la corrupción, de la que han sido señalados funcionarios republicanos, en distintos ámbitos. Algunas acciones estaría dirigidas a prohibir regalos de personas que hacen “lobby” y restringir los dadivosos viajes que se aceptan de grupos de presión política, entre otros.

Estados Unidos está cerca de alcanzar los 300 millones de habitantes, con un crecimiento económico entre el 2.9% y el 3.4%, que no tiene posibilidad de expresarse en bienestar, porque el índice de inflación se mueve en índices muy similares, con el agravante de un déficit de cuenta corriente superior al 6%, como porcentaje de su Producto Interno Bruto, según datos del FMI.

Para nadie es un secreto de que hay claras señales de desaceleramiento de la economía de Estados Unidos (los técnicos le llaman, eufemísticamente, declive de medio ciclo), es natural, el auge que produjo la desproporcionada reducción de las tasas de interés, medida con la que la Reserva Federal (Banco Central de EEUU), promovió el gasto desmedido en consumo y compra de viviendas, para compensar la desproporcionada baja de los impuestos a los grupos económicos más poderosos, que ha disparado la deuda interna y externa y provocado un incremento grave del déficit fiscal.

A pesar del financiamiento casi obligado que las economías subordinadas han proveído a la de Estados Unidos, a través de la continua compra de dólares emitidos sin respaldo, el monto del déficit ha adquirido dimensiones inmanejables. La principal expresión de la crisis se ha evidenciado con la brusca caída del mercado de viviendas, por las limitadas capacidades de los consumidores medios.

Los pronósticos más optimistas buscan convencernos de que la economía de Estados Unidos podrá realizar un aterrizaje suave (soft landing), que es la proyección sobre la que los bancos centrales de los países más poderosos han realizado sus proyecciones para este año. En este escenario la economía interna de Estados Unidos no sería afectada tan duramente por la crisis de la vivienda y crecería de forma limitada, un 2%, lo que permitiría que el efecto se reprodujera en sus principales socios comerciales, entre los que destacan Japón y la Comunidad Europea.

En todo caso esto no es para nada seguro, y podría ser que el aterrizaje no fuera tan suave como se pronostica, o tal vez esperan, ya que una caída brusca transitando hacia la recesión, en el peor de los casos, produciría una crisis mundial de la economía.

El escenario se complicaría si se produce un cambio en las relaciones comerciales con China, a partir de medidas proteccionistas que el Congreso con mayoría demócrata podría promover. En Europa algunos parecen estarse curando en salud; en Alemania la Canciller Angela Merkel se ha ido desplazando a posiciones un poco alejadas de la posición tradicionalmente conservadora de su partido CDU, social cristiano, y sus medidas independientes y proteccionistas se pueden percibir en su negativa a mover sus tropas del área más segura de Afganistán, a pesar de las fuertes presiones de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, y en medidas económicas proteccionistas que buscan distanciarse de la ortodoxia neoliberal.

En Francia también se expresan síntomas de este distanciamiento, seguramente influidos por la grave ingobernabilidad de las explosiones sociales que vivieron recientemente, y en el proceso eleccionario los principales candidatos tratan de evidenciar su distancia de la globalización neoliberal.

Fuente: www.i-dem.org - Nueva Época - Número 1122 - 170107


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