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Rigoberta Menchú candidata
Por Enrique Álvarez - Guatemala, 17 de marzo de 2007
ealvarez@i-dem.org

Este proceso eleccionario presidencial, en Guatemala, ha sido muy peculiar en varios sentidos: Es el primero que se inicia antes de la instalación del gobernante que triunfa, ya que la coalición ganadora en las elecciones llegó al acto de toma de posesión con tantos candidatos presidenciales, con aspiraciones de sucesión, como partidos o movimientos la formaban, cuatro. Esa fue la principal limitación de la mal llamada Gran Alianza Nacional, Gana, de la que más temprano que tarde se fueron los 3 partidos que le dieron cobijo en la papeleta electoral.

El Presidente Berger gobernó, por tanto, en medio de una sorda pero consistente disputa interna de las fuerzas políticas que deberían haberle apoyado a desarrollar su gestión, y que privilegiaron posicionarse para sacar ventaja para sus propios proyectos, antes de tratar hacer exitoso éste. Finalmente el delfín presidencial tuvo que ser sacrificado, en aras de la estabilidad financiera y para beneficio de otros más poderosos, previa intervención del banco familiar, siguiendo con el aparatoso fracaso de las tan cacareadas elecciones primarias, cuando sólo quedaron los aspirantes que no contaban con la bendición de los que pagan, para correr en nombre de Gana.

Este continuo sobresalto, de candidatos que surgen, que desaparecen, que deciden no arriesgarse a hacer el ridículo (como es el caso de un repudiado general), o que cambian de partido como cambiarse de camiseta, parecía que ya se había vuelto la rutina cotidiana. Pero la verdadera sorpresa, la que le imprime a este proceso un carácter verdaderamente novedoso estaba por llegar.

Para nada eran secretas las aspiraciones presidenciales de la Premio Nóbel de la Paz, Dra. Rigoberta Menchú, más bien eran bastante conocidas, pero también que había un proceso de maduración de las condiciones políticas, que ella y su grupo de asesores se habían impuesto. Parecía que la decisión pasaba por contar con un partido político, indígena, que sirviera de canal principal para librar la lucha en el veleidoso terreno electoral.

Sabido era también que el año 2012 tiene un especial significado para los pueblos indígenas, ya que en su cosmovisión esa fecha tiene un significado trascendente, de cambio de época y favorable a ellos, por lo que parecía el momento más propicio para intentar el triunfo. Pero algo pasó, que la decisión se adelantó a lo previsto, a la decisión de formar Wina´q como movimiento político, se sucedió la de participar en la contienda electoral. La encargada de crear las condiciones para facilitar la decisión fue la diputada Nineth Montenegro, que estaba en la última fase de inscripción de su partido Encuentro por Guatemala.

Comprender la dinámica política de los pueblos indígenas de Guatemala no es tarea fácil, mucho menos lo es tratar de encasillarlos en una tendencia o posición ideológica. Para empezar habría que saber que si hablamos de pueblos, tenemos que aceptar que en éstos hay fuerzas sociales y políticas propias y diversas y por lo tanto no uniformes. En la práctica política de muchas personas indígenas identificadas como “progresistas o de izquierdas”, en Guatemala, ha sido frecuente su participación, en distintos niveles, en gobiernos de corte derechista (esto no es tan difícil de notar, porque en Guatemala, desde 1954 nunca ha habido un gobierno de izquierdas), incluyendo a varias de las personalidades que forman Wina´q y a su propia candidata.

En muchos espacios de izquierdas es común asumir que cualquier persona que tiene una posición anti imperialista y a favor de las causas populares, como mínimo, tiene una ideología de izquierdas bien definida. Esto no es siempre así, hay muchas personas que privilegian la práctica política, y muestran reticencias a las definiciones político-ideológicas. En reciente actividad de la Fundación Ebert, el ex Alcalde de Quetzaltenango, don Rigoberto Quemé, dio una explicación muy clara de esto, frente a la demanda para posicionarse como de izquierdas que le hiciera un participante; él dijo “los pueblos indígenas no somos de izquierda, somos pueblos indígenas”.

Por ello no extraña que Wina´q aglutine a personas de distinta ideología, sobre la base de una reivindicación común: hacer vigentes los derechos de los pueblos indígenas y construir una nación cualitativamente diferente en Guatemala, para todos, pues.

Por ello, también parece una feliz coincidencia que la participación electoral de Wina´q, la primera vez que se produce como pueblos indígenas, se de en coalición con Encuentro con Guatemala, porque muy conocida es la resistencia de Nineth Montenegro a entrar en la lógica de las definiciones ideológicas; aunque nadie pueda decir que su práctica política dirigida a fiscalizar el presupuesto y el gasto militar no sea la de cualquier persona de izquierdas que se respete.

La candidatura de la Premio Nóbel es interesante por muchas razones, aunque hubiera preferido que su candidatura hubiera propiciado una mayor y más amplia coalición de fuerzas democráticas, más allá de las críticas que recibe de una parte de la izquierda, algunas me parecen justificadas, porque al negarse a construir una coalición con la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca y el grupo MAIZ, le negó la posibilidad de consolidarse a una fuerza política que fue de gran importancia en su campaña por el Premio Nóbel, y que le hubiera podido aportar un limitado caudal de votos, pero un apoyo político respetable. Sin duda las asperezas que han marcado las relaciones de la diputada Montenegro con la izquierda revolucionaria fueron determinantes para que la alianza no se produjera.

Personalmente me parece saludable que se produzca esta candidatura, que seguramente levantará pasiones a favor y en contra, en un país tan escandalosamente racista pero lo suficientemente hipócrita para no aceptarlo. Rigoberta Menchú tiene suficientes atributos para despertar simpatías en amplios sectores de población, especialmente si conserva el tipo de mensaje, tan pausado, tan reflexivo, tan profundo y al mismo tiempo tan humilde, como el que exhibió en la clausura del Seminario Visión de Paz, Misión de Futuro, a propósito del décimo aniversario de la firma de la paz en Guatemala, en la que impactó muy favorablemente.

Rigoberta Menchú, como figura pública, también tiene la posibilidad de expresar todos los atavismos que mantienen en el sub desarrollo social a nuestro país: es mujer, es indígena y es exitosa, incluyendo en los negocios. Suficientes razones para despertar las mezquindades de tirios y troyanos; algunas ya empezamos a verlas en la prensa y seguramente veremos muchas más.

Frente a la fuerte ventaja que Álvaro Colom ha mantenido, desde hace tres años, la que se ha ido ratificando con cada encuesta de opinión, aunque todavía es muy pronto para sacar conclusiones definitivas, pareciera que hay un candidato que lidera la contienda y varios que intentan colocarse segundos para pasar a la segunda vuelta. En este sentido, el indiscutible segundo lugar que parecía exhibir el general Otto Pérez Molina, ya no parece tan indiscutible. A él aspiran Alejandro Giammattei con el partido oficial Gana, que arrancó con buen impulso pero que el desastre que está significando la crisis de seguridad y gobernabilidad en que estamos, producto de la podredumbre que se ha destapado en Gobernación, parece haberse estancado, aunque la campaña oficialmente arranca apenas en mayo y las elecciones serán el 9 de septiembre.

Rigoberta Menchú siempre ha tenido un alto nivel de conocimiento y opinión favorable como personalidad, entre la población consultada por diversas encuestas, pero eso no se puede extrapolar a intención de voto; habrá que medir cuáles son sus posibilidades reales y, en este momento, parece ser muy temprano. En todo caso, si nos atenemos a la lógica de la historia reciente, la Premio Nóbel podría sacar un respetable número de votos y ganar un regular número de escaños en el Congreso, para pasar al segundo momento: el de las próximas elecciones del 2011, en las que podría correr con mayores posibilidades; aunque en política, como en el fútbol, no hay nada escrito hasta que los votos se cuenten, o se contabilicen los goles y las sorpresas siempre son posibles.

Fuente: www.i-dem.org - Nueva Época - Número 1164 - 160307


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