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Las tribulaciones de las izquierdas en Guatemala
Por Enrique Álvarez - Guatemala, 10 de octubre de 2007
ealvarez@i-dem.org

La crisis política de las organizaciones políticas provenientes de la izquierda revolucionaria parece no tocar fondo en Guatemala. El estruendoso fracaso que las izquierdas sufrieron en el reciente proceso electoral es la consecuencia, entre otros factores, de enfrentar la participación electoral de forma artesanal. Sin intentar, siquiera, realizar un análisis serio y profundo de las implicaciones de participar en un proceso político con las características del que se da en Guatemala.

Denunciar la preeminencia del marketing en los procesos electorales es justo y veraz, pero totalmente insuficiente, si la participación se da en esas condiciones. Está claro que las expresiones de la izquierda revolucionaria no tienen y probablemente nunca tendrán las grandes cantidades de recursos con las que cuentan las “opciones” apadrinadas por los distintos grupos económicos. Pero esta limitación debiera ser un aliciente mayor para tratar de invertir los pocos recursos con que se cuenta de forma efectiva y realista.

Rechazar la dependencia del sistema político del marketing, no puede o no debiera conducir a cerrar los ojos y hacer de caso que éste no existe. Mientras no se cambie esta realidad, hay reglas mínimas de este proceso que se deben observar si se quiere llegar a amplios sectores de la sociedad, para tratar de sensibilizar con una oferta política que busca ser alternativa y contra hegemónica; pero la voluntad de ser o sentirse de izquierda nunca ha sido suficiente. El pueblo debe enterarse y comprender esto bien, especialmente qué significado o trascendencia le puede traer el votar a la izquierda.

Luego de un exitoso proceso político - que concluyó en la firma de los acuerdos de paz en el que, articulando un conjunto de factores internos y externos, la izquierda guerrillera logró aislar al proyecto militar contrainsurgente y logró que en la mesa se discutiera la problemática política, económica, social y cultural del país – aglutinada en la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca, URNG, a contramano de la estrategia militar de negociar únicamente la finalización del enfrentamiento armado, rápidamente entró en una espiral de confrontaciones internas que la llevaron a la división, y a la atomización casi permanente.

En estos diez años transcurridos desde la firma de los Acuerdos de paz, se ha hecho evidente que una guerrilla que fue capaz de enfrentar, en medio de muchas limitaciones y más de una derrota estratégica, a uno de los ejércitos mejor entrenados y más crueles de América Latina, que una cosa es desenvolverse como organización político militar, con un enemigo muy concreto al que debía enfrentar, lo que le permitía mantener la fuerte cohesión de las cuatro organizaciones que formaron la URNG, y definir el enfrentamiento militar como el objetivo más importante, al que se subordinaron todas las diferencias y frente al cual frecuentemente cualquier diferencia político ideológica fue acallada o sofocada sin mucha contemplación.

En ese proceso de auto desangramiento, la izquierda revolucionaria fue dejando regado por el camino de su propia historia, a una importante cantidad de cuadros con diversas capacidades y formaciones técnicas, y algunos con una buena formación y capacidad política, que en los momentos de la inserción a la legalidad se hicieron sentir de forma notable.

Enmarañada en un laberinto construido por el esquematismo y la falta de una estrategia política adecuada para su transformación en estructura partidaria legal, desde el principio tomo el rumbo del fracaso, por pretender mantener estructuras de dirección que fueron importantes y medianamente eficaces en la guerra de guerrillas desarrollada durante más de 36 años, pero totalmente ineficientes para conducir su participación en la implementación de los acuerdos de paz, lo que debió hacer al frente de una amplia alianza de fuerzas sociales, y que nunca hizo pero ni siquiera intentó construir. Y al mismo tiempo, como institución partidaria, librar la lucha política, que en Guatemala tiene una fuerte preeminencia electoral, sin tener las capacidades y la experiencia mínimas indispensables.

A pesar de estas limitaciones, la entrega y el desborde de entusiasmo generalizado de su militancia, la cercanía de la firma de la paz y a lo que sumó una oferta política medianamente atractiva, hizo que su primera experiencia electoral fuera esperanzadora. Pero de un importante tercer lugar alcanzado por la coalición construida en el 1999 con la primera ANN, que en su primera participación electoral alcanzó 9 diputaciones, producto de una conformación amplia, que incluía diversos matices de izquierdas y fuerzas progresistas, en las elecciones de ese año; a la debacle que han significado las recientes elecciones del 9 de septiembre, han confirmado el declive, lento pero sostenido, de las dos expresiones partidarias provenientes de la izquierda revolucionaria.

La tendencia parece ser hacia la extinción, la que ya se ha producido para una de ellas, la Alianza Nueva Nación, ANN (partido formado luego de la división producida en el 2002), - la ANN fue formada por un grupo que estando en URNG se autodenominó Corriente Revolucionaria, reivindicando la necesidad de reconocer la existencia de diversas tendencias en el partido, y que esto debía fortalecerle a través de la creación de espacios para librar de forma sana la lucha política e ideológica –pero que a su vez se dividió en 2005, en medio de enfrentamientos internos, prácticas sectarias y un muy limitado análisis político sobre sus propias capacidades.

En su primera participación, sin candidato presidencial en el 2003, la segunda ANN alcanzó 6 diputaciones que contrastaron con las 2 que logró URNG. Pero el germen del sectarismo, el hegemonismo y la intolerancia se presentó muy rápidamente, y la división se produjo en el primer año. Los resultados están a la vista; en estas elecciones de 2007, con el ex Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Rebeldes como candidato presidencial, y a pesar del notable esfuerzo económico en propaganda, la ANN alcanzó un exiguo 0.67% de votos, bastante lejos del 5% mínimo que impone la ley para mantener el registro, o al menos alcanzar una diputación y no ha conseguido ninguno.

Al otro partido, la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca, URNG, sólo le ha ido mejor en apariencia con el 2% de votos, pero con dos diputaciones ganadas, lo que le ha permitido mantener su vigencia legal, pero es evidente que no representa casi nada en el espectro político del país. Es un partido que sobrevive cual enfermo conectado a un equipo de respiración artificial, vive sí, pero ¿en qué condiciones?

Por otro lado, el partido que se desmembró de ANN, Encuentro por Guatemala, EG, dirigido por la ex activista de Derechos Humanos y que está en su tercera diputación, Nineth Montenegro, no es reconocido como un partido de izquierdas, principalmente porque su máxima líder, en su pretensión de ser ampliamente aceptada por diversos sectores, no acepta ser “etiquetada” como gente de izquierda. Esto a pesar de que en EG participan varias personas que provienen de la izquierda revolucionaria y otras se identifican a si mismas como personas de izquierdas.

Esta indefinición ideológica fue profundizada por la alianza por el movimiento indígena Winaq, encabezado por la Premio Nóbel Rigoberta Menchú, identificada con posiciones de izquierdas ella, pero Winaq fue integrado a partir de la lógica de hacer prevalecer lo indígena y está formado por indígenas de todas las tendencias, incluso por ex funcionarios del partido del genocida Efraín Ríos Mont.

La realidad expresa que el espacio de las izquierdas sigue sin ser realmente ocupado en Guatemala, y a pesar del evidente fracaso de cuatro partidos de distintas tendencias de derechas que han gobernado de forma consecutiva, hasta ahora no ha habido una fuerza política de izquierdas que se convierta en alternativa real de gobierno.

Algunos afirman que el pueblo de Guatemala es conservador porque vota a la derecha; pero al hacer un análisis más profundo, se puede notar que a ese votante nunca se le ha ofrecido un proyecto programático de izquierdas, clara y creativamente estructurado, especialmente respecto de cuál es la diferencia respecto a las ofertas de los varios partidos de derechas. Esto es especialmente importante en un mundo globalizado en donde la tendencia que se impone es a la uniformidad y el pensamiento único.

Fuente: www.i-dem.org - Nueva Época - Número 1304 - 091007


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