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Elecciones en Guatemala
Por Enrique Álvarez - Guatemala, 2 de noviembre de 2007
ealvarez@i-dem.org

A dos días de que se realice la segunda vuelta en las elecciones presidenciales de Guatemala, la incertidumbre parece ser lo único seguro. Las cuatro encuestas publicadas esta semana por tres periódicos impresos son la más clara evidencia sobre cualquier resultado podría darse. En una Álvaro Colom, de la UNE, es triunfador, en la otras tres el favorecido es el general retirado Otto Pérez Molina, del Patriota; pero el común denominador de las cuatro es que todas están peligrosamente cerca del margen de error; por tanto el empate técnico es notorio.

Hay algunos factores que seguramente incidirán en el resultado. De manera natural el número de votantes disminuye en las segundas rondas, ya que en el interior del país ya no corren los alcaldes, que representan el interés más cercano a los electores en las áreas rurales; es acá en donde Colom tiene su principal fortaleza, por lo que es previsible que sus votos sean menores. Sin embargo el efecto podría ser compensado por el largo descanso del que muchos capitalinos están disfrutando, lo que podría bajar sensiblemente la asistencia a las urnas en la capital, en donde fue el fuerte de Pérez en la primera ronda.

Diversas iniciativas y expresiones ciudadanas se han conocido respecto del domingo, todas en relación a la insatisfacción que está dejando este proceso eleccionario tan cargado de una cansada y de altísimo costo, publicidad y tan falta de contenido programático elaborado y presentado de forma seria. Para mucha gente es evidente que la oferta de los candidatos está dirigida a captar la atención y el voto más que ofrecimientos que pretendan implementarse en los próximos cuatro años.

Álvaro Colom alcanzó el primer lugar en la primera ronda, el 9 de septiembre, con una ventaja significativa pero no muy grande, alrededor del cinco por ciento, pero casi inmediatamente se percibió que para la segunda ronda era Otto Pérez Molina quien aglutinaba las preferencias; en encuestas iniciales, su ventaja superaba los diez puntos, especialmente luego del nuevo escándalo en que estuvo involucrada la Policía Nacional Civil, cuando dos de sus agentes fueron acusados de ejecutar extrajudicialmente a cuatro jóvenes supuestamente vinculados al crimen organizado. La oferta de mano dura, sin mucha precisión de cómo será ejecutada, ha tenido mayor receptividad en momentos en que la violencia se hace más fuerte.

En la última semana de septiembre y primeras de octubre, la ventaja de Pérez Molina se veía favorecida por un tratamiento muy favorable en la prensa escrita y televisiva, especialmente en el monopolio de la televisión abierta. Posteriormente se produjeron diversos hechos que afectaron a personas cercanas al candidato de la “mano dura”. Primero fue ejecutado, al mejor estilo de la guerra contrainsurgente, el coronel retirado Giovanni Pacay, experto en inteligencia y quien estuvo vinculado a Pérez Molina desde que ambos laboraban en esa especialidad militar. Trascendió que aunque Pacay no era miembro del partido Patriota, sí era un colaborador cercano de su candidato.

Días más tarde fueron asesinados, mientras conversaban en un automóvil, la secretaria de la bancada Patriota en el Congreso, en donde Pérez estuvo los últimos tres años como diputado, por lo tanto muy cercana a él, y un miembro de la seguridad presidencial, ex colaborador de Pérez Molina cuando dirigía el Estado Mayor Presidencial y en este gobierno cuando ejerció como Comisionado Presidencial de Seguridad. Más allá de que Pérez trató de inculpar a Colom en esas muertes, al atribuirlas al crimen organizado y mencionar sus presuntos vínculos con la UNE, el mensaje que recibió la ciudadanía es que la violencia golpeaba a un candidato que ofrecía combatirla hasta eliminarla.

El electorado en Guatemala es muy proclive a realizar comparaciones y análisis muy primarios sobre sucesos que no necesariamente corresponden a la realidad, pero que finalmente inciden en los resultados; en ese sentido es natural que saliera afectado un candidato que ofrece solución inmediata a la violencia criminal, pero no expone suficiente capacidad de proteger a sus cercanos colaboradores.

En estas semanas al evento de segunda vuelta se evidencia que algo pasó entre el candidato del Patriota y la mayor parte de la prensa, varias expresiones han evidenciado el fin de la afinidad, pero en un país en donde los poderes fácticos son tan fuertes (tanto que en las elecciones sólo se logra alcanzar una parte limitada del poder), y la política responde a intereses tan poderosos, además que se libra en tantos espacios no institucionales, lo que podemos percibir son algunas luces y muchas sombras.

Los hechos concretos son que Pérez Molina recibió críticas muy fuertes, en espacios de opinión y reportajes, especialmente relacionadas a su participación en el Ejército en las zonas de combate, como uno de los principales protagonistas, y él tuvo actitudes de descortesía o rechazo, con esos mismos medios. El común de las personas tiende a pensar que los problemas con la prensa se derivan de esos hechos, aunque más parecen ser la consecuencia de otros.

El hecho es que Pérez dejó de asistir a foros, uno de especial importancia, organizado por el periódico Prensa Libre y una entrevista con una cadena de gran penetración en todo el continente con las personas de habla hispana. Las críticas arreciaron por su supuesta arrogancia, a lo que contribuyeron declaraciones en las que se definió como seguro ganador.

Todos estos “errores” han configurado un escenario electoral en el que es imposible predecir el resultado para este domingo 4 de noviembre. El resultado seguramente será muy cerrado y puede ser a favor de cualquiera.

La gran interrogante es ¿cuál será la actitud del perdedor de unas elecciones que en segunda vuelta se ganan con mayoría simple?, es decir que un voto sería suficiente diferencia para definirlas. Especialmente por la gran debilidad que ahora expone el ente que debe ser el garante de los resultados, el Tribunal Supremo Electoral, que fuera en los últimos veinte años la institución más fuerte de un país en donde la debilidad institucional es generalizada. No ayuda en nada saber que la debilidad del Tribunal provenga, principalmente, de los desatinos y falta de acción de sus propios magistrados.

Unos resultados similares a los que se dieran en Costa Rica, muy recientemente, y en cuya solución la fortaleza institucional prevaleció, a pesar de las acusaciones de fraude que la oposición sigue manteniendo; no se perciben posibles en Guatemala. Así que la estabilidad política y muchos otros factores, en buena medida dependerán de la madurez política con la que actúen el candidato perdedor y su partido, a partir de la noche del domingo próximo.

Fuente: www.i-dem.org - Nueva Época - Número 1321


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