Este gobierno, presidido por el presidente Álvaro Colom ha venido a mover fuertemente el ambiente político, lo cual sería saludable si en Guatemala existiera la tradición de librar la lucha política, y especialmente la ideológica, de forma abierta, es decir poniendo todas las cartas sobre la mesa y abriendo la posibilidad al acuerdo.
Pero el estilo que los factores de poder históricamente han impuesto en Guatemala es sórdido y muy poco transparente. Esto se ha logrado ya sea a través de la represión más brutal, ejercida por los aparatos de seguridad del Estado, por guardias pretorianas o fuerzas de choque; o por medio de la deslegitimación, la desautorización, el ataque artero, el chisme, el rumor, el descrédito, decir una cosa y hacer otra. Siempre hubo, y probablemente siempre habrá, alfiles y peones para hacer el trabajo de confrontación, los que obtienen ventajas o ganancias de diverso tipo. También están los que se van con la finta y con honestidad creen que la lucha es por la transparencia y el bien general del país.
No hay proceso histórico sin causas que le den sustento y expliquen su devenir. Simplemente en Guatemala nos fue mal desde el inicio. No fue cosa de elección, de qué tipo de clases dominantes queríamos tener ni qué tipo de Estado querían éstas construir. Ellos decidieron solitos, en capilla, como corresponde a cualquier oligarquía semi feudal que se respete.
Decidieron que Guatemala necesitaba un Estado que fuera instrumento de los más poderosos, que éste no tenía sentido si no estaba a su servicio. Que lo más conveniente era ejercer la dominación y construir la hegemonía por la fuerza, que eso de la democracia eran cuentos chinos, que los partidos sólo debían ser instrumentos para aparentar democracia.
Históricamente se ha demostrado que, finalmente, el modo de producción preponderante termina determinando todo lo que viene aparejado. Al ser la tierra, históricamente, el principal eje de acumulación de la riqueza, todo ser subordina a ella y todo se deriva de ella, la lógica de la finca, del patrón que tiene todo, del caporal “privilegiado” a su servicio y de los peones, que carecen de todo, es con más o menos sofisticaciones, es la lógica que prevalece en Guatemala.
La riqueza insultante de unos pocos y la miseria absurda de la mayoría. Ni el cultivo de la grana, ni la cochinilla, ni el café, ni el algodón, ni la caña de azúcar necesitan mano de obra calificada; entonces para qué se necesitaba malgastar dinero en educar a una masa irredenta que tenía como destino ser útil para que los elegidos vivieran como reyes.
Si el Estado es un mero instrumento para con variantes mantener ese status quo, para qué permitir que sea fuerte, para qué dejar que sea moderno, dotarlo de recursos y permitir que fomente el desarrollo, puchis, eso sería peligroso, los indios y los pelados se malacostumbran; después ya se sienten iguales, o hasta pueden llegar a creer que merecen vivir bien. ¡Desarrollo humano!, eso si ya es el colmo!
Por ese pensamiento atrasado, provinciano, semi feudal y para nada cristiano, mucho menos humano, Guatemala es ya el país más desigual de América Latina y uno de los más desiguales del mundo. Por eso en nuestro país existe, en términos proporcionales, la mayor concentración de helicópteros privados de América Latina. Por eso en las montañas de la Alta Verapaz, del Quiché, de Huehuetenango, de Jocotán, de Camotán y de muchos otros lugares, los niños se mueren de desnutrición y los adultos de hambre.
Ni las crisis más graves parecen provocar ningún cambio en el pensamiento ultra conservador de muchos poderosos. También históricamente se ha demostrado cuál es la mejor forma de enfrentar las crisis. La Gran Depresión de la década de los treinta del siglo pasado, inicialmente se enfrentó con austeridad, con la contracción del gasto público; el resultado fue la profundización de la crisis y la miseria de millones. Tuvo que venir Franklyn Roosevelt, con su new deal (nuevo trato), para encontrar la salida de la crisis y encaminarse luego al desarrollo.
La discusión sobre el monto del presupuesto en Guatemala, ha estado permeada de todas estas cosas, de todos los atavismos ideológicos, de todos los temores, algunos falsos otros reales, pero ninguno injustificado. El principal problema es cómo se construyen y se agigantan los falsos temores. Cómo se desinforma promoviendo cruzadas por la libertad y se busca promover mecanismos que traerán miseria y pobreza, en este punto es necesario preguntarse, ¿hay mayor forma de expresar la falta de libertad, que cuando las personas carecen de lo más básico para vivir con algún nivel de dignidad?
Es comprensible que el tema del gasto social preocupe a quienes nunca tendrán la preocupación de perder su empleo, de no tener para alimentar a su familia y menos para educarla. Sin embargo el que sea comprensible no explica que a casi ocho años transcurridos del siglo 21, la cerrazón sea tan fuerte, incluso para comprender la estrecha relación entre mínimo desarrollo de mercado interno, de bienestar y del desarrollo, incluso de su propia riqueza, la que sería mayor si los que no tienen nada tuvieran la capacidad de acceder a algunos bienes y servicios.
Qué puede explicar toda esa venda ideológica, ¿la avaricia, mezquindad?, ¿la falta de capacidad humana, para ver más allá de sus narices; aunque sea para hacerse más ricos? Cómo se puede explicar que en Guatemala se siga asustando con el “petate del muerto” de que los impuestos generan pobreza. Si los países con más alta carga tributaria son los más ricos del mundo y son las sociedades con mayor nivel de desarrollo humano. Habría que preguntarles ¿quién se quedó en la miseria en Suecia, en Finlandia, en Holanda por pagar los impuestos que debe pagar? Los impuestos ubicados correctamente en quienes tienen más posibilidades y obligación de pagarlos, son una forma de redistribución de la riqueza y deben ser un instrumento para el desarrollo. Es cosa de simple lógica formal, no hace falta ser muy inteligente para comprobarlo.
Llegó la hora de abandonar los dogmáticos esquemas de política económica (fracasados evidentemente por cierto, si no lo creen vean la crisis en la que metieron al mundo), de la fundamentalista Iglesia (perdón, debí escribir Universidad) Francisco Marroquín, y abrirse a la realidad del mundo. El cambio es absolutamente necesario, el conservadurismo extremo, disfrazado de liberalismo está obsoleto.
Claro que hay que desarrollar todos los esfuerzos necesarios para que los impuestos que la ciudadanía paga sean bien invertidos, claro que hay que exigir que los mecanismos de fiscalización del Estado funcionen y funcionen bien, claro que hay que abrir espacios para que la sociedad de forma organizada desarrolle la auditoría social indispensable en todo Estado moderno. Claro que hay que trabajar para elevar la calidad del gasto público y para priorizarlo de forma adecuada.
Pero es, al menos inhumano, oponerse a que las personas con menos ingresos tengan que pagar en los hospitales públicos, que carecen de casi todo, mientras otros se pueden pagar servicios médicos y hospitalarios del nivel del primer mundo. No debiera ser tan complicado, para nadie, especialmente para las personas de izquierdas, reconocer que este Gobierno ha hecho cosas positivas; como decidirse a transitar por el camino de la Seguridad Democrática, como dar alivio a las personas más pobres del área rural, estimulando al mismo tiempo la asistencia de niños y niñas a la escuela. Como adherirse a Petrocaribe.
Especialmente el de eliminar ese criminal cobro que se hacía en los hospitales y que muchas veces significó la muerte de gente que no tenía para pagarle a los patronatos de la iniciativa privada, que cobraban yesos, medicamentos y análisis, o simplemente no se realizaban; cobros ilegales con los que los médicos se coludieron durante años. Precisamente, ese será el destino de unos Q737 millones adicionales que recibiría el Ministerio de Salud con el Presupuesto 2009.
En todo caso, el tamaño del presupuesto ni siquiera es tan grande en términos reales, ya que en comparación con el PIB sigue siendo uno de los más bajos del continente.
Ya sabemos que lo que algunos ven en peligro de perderse es algo que consideran estratégico, el modelo de dominación que, con pequeñas variantes, les ha funcionado desde 1871, sin embargo si los grupos económicos más poderosos no terminan de comprender la necesidad de renovarse, podrían perder más, mucho más, de lo que ahora con mezquindad pretenden proteger.
Fuente: www.i-dem.org - Nueva Época número 1572