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Vayan en paz
Por Evelyn Blanck - Guatemala, 19 de noviembre de2004

Sí, considero que la salida de Minugua representa el fin de una etapa.

Durante su estadía en el país, la Misión de Naciones Unidas para Guatemala nunca dejó de caminar en la cuerda floja, empujada, de un lado, por aquellos a quienes no convenía una labor de vigilancia de los derechos humanos, y del otro, por quienes se aferraban a la Misión, como la única esperanza de afianzar el cambio.

Duro, difícil papel. Muchas veces se le pidió a Minugua rebasar su misión de verificación, ante la falta de respuestas del Estado frente al terrible clima de agresiones en que vivimos; muchas otras se le pidió largarse, dejarnos tranquilos, como si viviéramos en paz. ¡Como si viviéramos en paz!

Personalmente, reflexionar sobre lo que implica la salida de Minugua me provoca angustia. Si bien la Misión no podía sustituir al Estado, pues nunca fue ese su papel, sí llegó a representar una esperanza y un alivio para muchas víctimas de agresiones contra los derechos humanos, incluyendo periodistas. Y ahora que la Misión se retira queda un vacío, porque los guatemaltecos no fuimos capaces de demandar y lograr, en esos 10 años de mandato, que el Estado se preparara para cumplir la labor que le corresponde: garantizar nuestros derechos.

Quedamos, como autoridad máxima en la materia, con una oficina del Procurador de los Derechos Humanos que si bien ha mostrado voluntad, enfrenta serios problemas presupuestarios, que lo atan para cumplir de manera eficiente con su labor.

Es evidente, además, el poco respeto que le profesan las autoridades de turno, que sin más procedieron a descalificar el informe de la PDH sobre el caso de Nueva Linda, antes que sujetarse a reconocer los fallos y enmendarlos.

Lo que me provoca angustia es pensar en esa terrible sensación de desprotección que se instala.

Pero el vacío no queda únicamente en ese espacio, sino en el del diálogo y la reflexión, pues, a nivel nacional, la Misión desarrolló muchos proyectos encaminados, finalmente, a mejorar la comunicación entre los guatemaltecos y a la resolución pacífica de los conflictos. Ojalá logremos en el futuro esfuerzos tan permanentes y sistemáticos.

Habiendo llegado a este punto, mejor que despedirme quiero reconocer la labor de todos aquellos funcionarios y funcionarias internacionales y nacionales de Minugua que nos acompañaron con entusiasmo y convicción, a pesar de nuestras malacrianzas. Especialmente a la querida Seda Pumpyanskaya, quien cumplió un excelente papel e hizo gala de profesionalismo en un territorio tan minado para la paz como éste.

Luego de eso, no puedo más que expresar mi esperanza de que esté cercano el día en que los guatemaltecos nos percatemos, realmente, de la gravedad de los problemas que enfrentamos y tomemos la decisión de trabajar, como sociedad, para solucionarlos.

Muchos se reirán de lo que digo, pues los guatemaltecos vivimos abrumados por nuestros problemas. "¿Qué le pasa a ésta, piensa que somos tan babosos y ciegos ante lo que nos sucede a diario?" Pues no y sí, porque vemos lo que nos perjudica de manera individual, pero somos incapaces de entender cómo eso obstaculiza nuestro desarrollo social. Y cuando sí lo entendemos, no sabemos qué hacer, qué es válido o no en las actuaciones como colectivos. Eso, espero, lo iremos aprendiendo con el tiempo. Entre tanto, Minugua nos brindó valiosos aportes. Como decían las abuelitas: "Vayan y queden sus gentes en paz".

Fuente: www.sigloxxi.com


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