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¿Maras? Contrapropuesta
Por Evelyn Blanck - Guatemala, 18 de febrero de 2005

Poco se puede agregar a los múltiples comentarios que adversan la iniciativa de la llamada "ley anti-maras" propuesta por el Partido Patriota. El abogado y experto Jaime Tecú señala que, en principio, dicha ley no es necesaria, ya que el tema está regulado en la Ley de Protección Integral de la Niñez y la Adolescencia (parece que muchos legisladores no la han leído).

Tecú dice también que la propuesta es inconstitucional, pues atenta contra las garantías allí establecidas de locomoción y otras. Además, que "establece" delitos y faltas ya existentes en la legislación, y atenta contra los derechos de los migrantes.

A su vez, Marvin Rabanales, dirigente del Movimiento Social de la Niñez y la Juventud, ha hecho ver a los ponentes que las expresiones culturales, como ponerse aretes, tatuarse o usar cierto lenguaje no pueden ser sujetas a tipificación penal, pues entonces se violarían los derechos humanos a la identidad y a la libertad de emisión del pensamiento. Opina que el proyecto no ofrece soluciones de fondo a la problemática, pues aquí la fórmula ganadora ya no es más represión.

A mí se me antoja, después de leer la propuesta, imitar el tono represivo de la misma para proponer soluciones al problema; a los problemas, en realidad.

A ver, pensemos, ¿cuáles son los problemas de fondo? Por lo menos, éstos. Uno: la férrea decisión de grupos de poder de mantener un modelo económico excluyente, que no permita ofrecer oportunidades de desarrollo a todos los guatemaltecos. Dos: el impacto, a todos los niveles, del narcotráfico y el crimen organizado, y la ausencia de una política de Estado que se constituya en una solución viable al problema. La ausencia de políticas educativa y de bienestar social integrales que respondan de manera efectiva ante la problemática actual de la sociedad guatemalteca.

Como una forma de enfrentar estos problemas, y dentro de la línea de razonamiento de los congresistas del Patriota, se me ocurre entonces proponer que se encarcele a los funcionarios públicos y otros ciudadanos a quienes puede hacérseles responsables por este estado de cosas. ¿Cómo los vamos a atrapar? Propongo los siguientes criterios, para identificarlos: A los diputados, quienes incumplen su tarea de velar por la vigencia de los preceptos constitucionales y tampoco proponen soluciones en pro de un país para todos, quizá podamos identificarlos por usar siempre tacuche, aunque no de los más finos, exhibir en general un desconocimiento de la legislación y los procesos legislativos, hacer chistes machistas, por ser bastante pacíficos y poseer un nivel educativo, a veces. ¡Ah!, y por circular con sus carrotes en los alrededores del Congreso y ocupar esas instalaciones. ¿Que hay muchos por ahí que no son diputados y entran en esa descripción? No sé; después averiguamos. Primero lancémoles a la Policía

A los funcionarios de otros organismos que tampoco trabajan para la solución de los problemas de fondo, sino para grupos o sectores de poder, quizá podamos reconocerlos también por vestir traje, aunque quizá con un poquito de más calidad, por poseer niveles educativos más altos, por andar de pajeros ante la prensa, por moverse alrededor de las dependencias del Ejecutivo y el Judicial, así como también por los carrotes. ¿Que no todos son mala onda? No sé; apresémolos y después miramos.

En cuanto a los ciudadanos, ahí la cosa está más difícil; porque están los delincuentes con cuello, sin cuello, y con cuello blanco. Atrapemos a todos los que tengan y no tengan cuello.

Finalmente, después de mucho pensar, he decidido copiar no sólo el espíritu, sino el nombre de la iniciativa: que se llame Ley Anti-MARAS. Porque no me dejará mentir, estimada lectora, estimado lector, que en este país hay maras y MARAS. O mafias y MAFIAS, como quiera usted verlo.

Fuente: www.sigloxxi.com


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