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Por un buen inicio
Por Evelyn Blanck - Guatemala, 5 de marzo de 2005

Charlas como esta no se las imagina uno ahorita: "Aguantá, yo lo único que hice fue preguntarle: ¿cuánto cuesta esto, María? ¡Y la muy desgraciada me demanda por racismo! Es que la gente ya ni gracia tiene. Con todos los problemas que tenemos, ahora resulta que ya ni hablar puede uno".

Sin embargo, en un futuro cercano podríamos escuchar quejas como esta.

Este próximo 8 de marzo, a las ocho y media de la mañana, comienza la fase oral del juicio por discriminación, específicamente racismo, iniciado por Rigoberta Menchú Tum contra cinco personas, entre ellas el nieto de José Efraín Ríos Montt. Es el primero de estos casos que llega a esa etapa, pero tarde o temprano habrá otros que lo alcanzarán.

En el Ministerio Público hay más de 30 demandas presentadas por discriminación, una terrible práctica social en la que muchos guatemaltecos incurrimos todavía, consciente o inconscientemente, por el mero hecho de que así es la costumbre.

Esta demanda es importante, muy importante, pues sentará un precedente jurídico y pondrá a prueba la tipificación del delito establecido en su momento por el Congreso de la República (Decreto 57-2002), sancionado con prisión de uno a tres años, y multa de Q500 a Q3,000.

Si la opinión del tribunal favorece a la Premio Nobel de la Paz, los guatemaltecos, ladinos, garífunas, xincas e indígenas, tendremos que irnos acostumbrando a cuidar lo que decimos y lo que hacemos. Y esta consecuencia me parece realmente muy importante, pues puede ir aportando a la formación de una cultura basada en el respeto, la observancia a los derechos humanos y la inclusión.

Una cultura distinta, que al principio puede ser forzada, pero que, esperamos, constituya un comportamiento normal para las futuras generaciones.

Poco a poco, los guatemaltecos que habitamos este país tendremos que ir entendiendo que mujeres y hombres indígenas tienen derecho a gozar de una identidad, y que llamarlos Marías o Juanes, convirtiéndolos casi en objetos, vulnera ese derecho. Poco a poco tendremos que ir entendiendo que insultarlas e insultarlos, convirtiendo las palabras "india" o "indio" en un adjetivo peyorativo, constituye un delito.

Pero además, practicantes de todas las formas posibles de discriminación, como somos, tendremos que ir comprendiendo que las niñas y niños tienen derecho a tener voz y a tomar decisiones propias; que las mujeres tienen derecho a condiciones de equidad, que gays y lesbianas tienen derecho a conformar sus núcleos familiares, a heredar de sus parejas y a poseer la tutela de sus hijos.

Que, además, los discapacitados tienen derecho a una educación sin discriminación y a verse beneficiados por la infraestructura urbana; que los migrantes tienen derecho a la identidad, al trabajo remunerado y a servicios sociales. Que las sexoservidoras y sus familias tienen derecho al trabajo, a la salud, a la seguridad, a un nombre y a una vida digna. Que las trabajadoras de casa particular tienen derecho a salarios y condiciones de vida dignas, a la recreación y a la educación.

Y asimismo, a la par de todo esto, que los campesinos tienen tanto derecho como los exportadores de verse beneficiados por las políticas económicas; que los habitantes de las áreas rurales tienen tanto derecho como los de áreas urbanas a gozar de servicios públicos.

No espero mucho de un juicio, sólo lo que es justo: un buen inicio. El resto del camino nos corresponde andarlo a nosotros.

Fuente: www.sigloxxi.com


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