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Deporte de supervivencia
Por Evelyn Blanck - Guatemala, 18 de marzo de 2005

Qué amargo sabor, después de la aprobación del TLC y la jornada de protestas por esa causa: dos muertos, millones de quetzales en pérdidas materiales, muchos heridos, incluyendo colegas periodistas. Triste el presente, triste panorama el del futuro, pobres más pobres, ricos más ricos, pues continuamos con un sistema que sigue favoreciendo la concentración de la riqueza. Es miope quien no lo ve.

Y eso que ya nos estamos muriendo de hambre en muchos sentidos. Personeros de una importante empresa extranjera de distribución de energía eléctrica develaban, hace poco, la terrible realidad de un mercado rural de consumo en el subsector, que ha estado estancado durante dos años. Aplastante. A estas alturas, resulta casi un chiste hablar de compensadores sociales; lo que necesitamos con urgencia son políticas económicas y sociales distintas, que comiencen por garantizar la distribución de la riqueza y beneficios colectivos en la prestación de los servicios.

En cambio tenemos, sin embargo, represión desde el Estado y polarización política. Y además de las muertes como consecuencia de estas prácticas, continuamos con los problemas nuestros de cada día: violencia desde todas las esferas nacionales, ausencia de políticas efectivas en el combate al narcotráfico y el contrabando, incrementos en los números de asesinatos de niñas, niños, adolescentes y mujeres, violencia intrafamiliar, incrementos constantes en los precios de los artículos de consumo, estrés, caos en el tránsito vehicular en los mayores centros urbanos del país, mala calidad educativa, etcétera, etcétera, etcétera.

Estoy en desacuerdo con quien opine que esta visión no es para deprimirse, porque el TLC ayudará a resolver nuestros problemas. El único camino que me queda para no detener mi recorrido vital es evadirme de la realidad, con lo que está más al alcance de la mano: la Semana Santa. Ya ni chance hay de protestar; las protestas se han vuelto mala palabra en el país.

Seguramente habrá miles como yo que buscarán olvidar, en el feriado de estos días, sus problemas, mecidos por el sol, por la arena, por el agua, por el licor, por la música; unos pocos, por la fe.

Me gustaría saber si el incienso de las procesiones recogerá sus plegarias; ya no podemos darnos el lujo de ser tan escépticos. Me gustaría saber si será recompensado el sacrificio de quienes cargan a las divinidades sobre sus hombros, si vale, como dicen los cristianos, la presencia de los justos; si las marchas endulzan los oídos de los santos.

Ya regresaremos después a nuestras luchas, a nuestros desencuentros, a nuestro griterío en campo infértil, a pagar las cuentas, a nuestras angustias existenciales. Ya regresaremos a la frustración que origina un sistema hecho para escuchar unas pocas voces y mitigar las de la mayoría.

Conveniente eso de aprobar el TLC justo antes de la Semana Santa; idóneo. Resulta como poner el charco de agua fría al paso de la lava candente. Es muy probable que nos vayamos olvidando del tema, al calor de todo lo que caracteriza esta época en el país. Nada extraordinario. Una Semana Santa como tantas otras, en Guatemala; un tiempo para evadir realidad. Evadir realidad, un deporte nacional de supervivencia. Que lo disfruten, no nos queda otra.

Fuente: www.sigloxxi.com


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