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Hay que matarlos
Por Evelyn Blanck - Guatemala, 27 de mayo de 2005
eblanck@sigloxxi.com

Quizá algún día sintamos la necesidad de desprendernos de esa falsa historia con la que nos cobijamos.

"Quiero ser parte de un país del que me sienta orgulloso. Miembro de una sociedad que me provoque satisfacción por su sentido incluyente y solidario. No me conformo con islotes de privilegiados, rechazo las tesis individualistas y egoístas, y aspiro a contar con todo un territorio repleto de humanismo, respeto y diversidad".

Si uno leyera estas palabras sin saber quién las ha redactado podría exclamar: "¡Qué de a petate, quién no! El que quiere celeste, que le cueste. Pero cuando se sabe que son escritos de Luis Santa Cruz, el ex comandante guerrillero Santiago, quien militó durante 16 años, 11 de los cuales estuvo en frentes guerrilleros, uno se siente invitado a la reflexión profunda, más que al comentario inmediato y quizá necio.

La invitación a reflexionar a partir de una realidad desnudada, desmitificada, es quizá una de las grandes virtudes de la obra de Santa Cruz Insurgentes. Guatemala, la paz arrancada, que fuera presentada hace algunos meses.

Releyendo la obra del ex comandante Santiago, y luego de advertir el tono pesimista de los escritos de los espacios editoriales de varios periódicos a principios de esta semana -tono totalmente justificado-, no puedo dejar de pensar en cuánto fallamos durante la posguerra y en los tiempos actuales al no emprender con el empeño requerido la tarea de desnudar de mitos, prejuicios y falsedades nuestra historia, con el fin de entender las necesidades del presente. Y también para entendernos.

Se necesita de un espíritu crítico y de una posición profundamente arraigada en valores democráticos para hacer una afirmación o una declaración de principios como la que hace Santa Cruz, a modo de conclusión, en su obra: "Esta fue mi vida como militante. La otra que se me ofrecía no era la mía. Hacer la guerra contra mis compañeros no era mi historia".

Negarse a construir la paz desde un campo de batalla donde los compañeros de armas de antaño se convierten en los contendientes políticos de hoy me parece una actitud muy consecuente. Lo lamentable de nuestra situación es que no puede ser distinto; que es únicamente en el campo de la acción política donde las realidades afloran, porque la nuestra es aún una historia no develada, y aquellos personajes que deberían haber sido descalificados en su momento no lo fueron, continúan vigentes.

A esos personajes políticos de oscuro historial hay que "matarlos". Y no me refiero a eliminarlos físicamente. Hablo de darles la sepultura política que se merecen, porque siguen vivos en el poder como zombies que no cambian sus conductas autoritarias y antidemocráticas, que no ceden espacios, que siguen chupando la sangre de los jóvenes, dejándolos exangües.

Quizá algún día los guatemaltecos sintamos la necesidad de desprendernos de esa falsa historia con la que nos cobijamos, de construir relatos que no mitifiquen, pero desmitifiquen, de construir una historia crítica.

Fuente: www.sigloxxi.com


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