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Testimonios
Por Evelyn Blanck - Guatemala, 1 de julio de 2005
eblanck@sigloxxi.com

Muchos campesinos abandonan el agro y emigran a otros países, como opción para no perder sus tierras.

Como consecuencia lógica de desarrollarnos en un sistema patriarcal, cuando se habla de la tierra en Guatemala inmediatamente se liga al tema al campesino, no a la campesina, a pesar de que unos y otras han estado estrechamente ligados a ésta desde tiempos inmemoriales. Se atribuye a las mujeres el inicio del cultivo de la tierra.

Por eso resulta particularmente interesante el estudio "Las campesinas y su derecho a la tierra (Realidad y Emancipación)", hecho por la colega y querida amiga Rosalinda Hernández.

En el documento que resume su investigación, además de realizar propuestas con una mirada feminista, Rosalinda presenta sus conclusiones sobre la realidad de las campesinas de Guatemala en materia de tenencia y acceso a la tierra, revisa la institucionalidad gubernamental, así como los alcances de las alternativas ofrecidas desde la sociedad civil. Pero tan o más importante que eso es que presenta los testimonios de 61 campesinas indígenas y no indígenas, que habitan 33 comunidades, en 5 municipios.

Por medio de sus relatos se hace presente la angustiosa situación que enfrentan las mujeres, y los hombres, en el campo, condenados a la pobreza, obligados a una agricultura de sobrevivencia, con la esperanza de que algún día el Gobierno les brinde la oportunidad de acceso a la tierra, condenados a pagar deudas por adquirir tierras y también condenados a perderlas, ante la imposibilidad de cumplir con los pagos. El modelo de acceso a la tierra vía el mercado, que aún en esta administración gubernamental es la única opción ofrecida por el Estado, demuestra su ineficiencia. Es más, muchos campesinos abandonan el agro y emigran hacia otros países, como única opción posible para pagar sus tierras y no perderlas.

Pero, además, los relatos muestran la poca valoración que recibe el trabajo de la mujer y las niñas y niños en el campo, las dificultades de las mujeres para heredar a tierra, su dependencia del hombre en materia económica y de toma de decisiones, su escasa conciencia de la posibilidad de acceso a la tierra. Dice la autora: "Por lo regular, ellas desconocen que la propiedad y el control del recurso tierra se vinculan al ejercicio del poder...".

A pesar de ese desconocimiento, son innumerables los testimonios de las mujeres que se autoafirman en el descubrimiento de que son capaces de realizar tareas agrícolas, aún con la terrible carga de trabajo extra que eso les representa. Dice Jubelina Mazariegos: "... no sólo los hombres pueden trabajar, nosotras las mujeres también podemos, lo estamos haciendo, pues".

La lectura de este reporte resulta importante para darnos cuenta de que no es posible que se siga planificando para el agro con una visión que supedita lo rural a lo urbano. Las soluciones tienen que emanar de un profundo conocimiento de la problemática, y para eso es necesario escuchar a las y los protagonistas, sobre todo a los más desfavorecidos.

*Periodista

Fuente: www.sigloxxi.com


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