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Solidaridad contra el hambre
Por Evelyn Blanck - Guatemala, 8 de julio de 2005
eblanck@sigloxxi.com

Las guatemaltecas y guatemaltecos ya somos herederos de ese legado de la desnutrición crónica.

Las páginas de los diarios de estos días informaban sobre protestas ciudadanas por la forma en que se rigen los destinos mundiales, mientras los dirigentes del Grupo de los Ocho, conformado por los representantes de las naciones más industrializadas del planeta, cenaban con la reina británica, como momento inaugural de su reunión.

El contraste se hizo de repente atroz. No tuvimos la oportunidad de observar por medio de la televisión la mesa seguramente bien surtida de Su Majestad, pero sí nos mostraron, entre pieza y pieza musical del concierto Live8, cómo una madre africana distraía el hambre de sus hijos, cocinando piedras en un caldero para que sus niñas y niños se durmieran pensando que esa noche cenarían.

Lo que observamos en África también se repite en Guatemala. No importa si afecta a más o menos niños, ni uno sólo de ellas y ellos debería padecer hambre.

Hay niñas y niños guatemaltecos que se van a la cama sin comer. En lo particular, me aterroriza observar el encarecimiento, durante las últimas semanas, de los precios de la canasta básica, que ya no afecta a los más pobres, quienes simple y sencillamente ya no consumían muchos de esos productos, sino a los pobres que aún podían arañar algo; encarecimiento que, en suma, nos empobrece a todos.

Me aterroriza ver las imágenes de las cosechas perdidas por el copioso invierno, los asesinatos imparables de hombres y mujeres cabeza de familia, la desintegración familiar y el impacto sobre la agricultura de las migraciones masivas de campesinos guatemaltecos a Estados Unidos... me aterroriza ver el espectro del hambre que no quiere mostrarse en los medios de comunicación, en tanto alguno de éstos, en cambio, publican la lista Ten Top de los hospitales estadounidenses, adonde un grupo privilegiado de guatemaltecos tiene la fortuna de poder acudir.

No sé qué significa crecer con hambre, pero sí sé lo que representa. Las guatemaltecas y los guatemaltecos ya somos herederos de ese legado de la desnutrición crónica que afecta las capacidades para el aprendizaje. Pero creo que lejos del impacto económico que el hambre represente a futuro, lejos de ver a hombres y mujeres como simples piezas de mercado, tenemos que empezar a pensar que todos tenemos derecho a la alimentación sana, pero sobre todos, niñas y niños.

Una de nuestras metas como ciudadanos debería ser mostrar nuestra solidaridad efectiva con los más pobres y exigir la de los demás. Que el Estado, financiado con nuestros impuestos, sea solidario, porque ésa es nuestra decisión; que todas las organizaciones en las que participamos sean solidarias; que nuestros grupos familiares sean solidarios. No toleremos que las niñas y los niños se vayan a la cama sin comer. Informémonos acerca de los planes gubernamentales para el combate de la pobreza y el hambre, analicemos sus alcances y pronunciémonos. Es nuestra obligación mínima.

Fuente: www.sigloxxi.com


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