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Sobre nuestro “antidesarrollo”
por Edgar Balsells - 24 de abríl de 2004

El bien documentado reportaje de Prensa Libre sobre la impunidad reinante en la Laguna del Tigre, junto a la dramática opinión de Dina Fernández, quien es una voz autorizada e influyente de dicho matutino, me ha hecho recordar un excelente libro de un autor uruguayo, que ha dedicado una amplia preocupación a Guatemala, Eduardo Galeano, quien ha venido combinando, magistralmente, literatura y realidad.

Bien lo dice Galeano que, al igual que existen los señores de la guerra, también los hay aquéllos que comen naturaleza y en el cielo engullen la capa de ozono. Simplemente, indica el analista, porque se trata de un planeta descartable para algunos.

El análisis y opiniones vertidas en Prensa Libre, bien permiten hilar la conclusión que en tan paradisíaco lugar existe una alianza depredadora entre narcotraficantes, ganaderos, petroleros y madereros, con aquéllos que tienen obligación de “proteger la soberanía”; siendo que la historia reciente de la depredación se inició cuando el Petén se trazó en polígonos para la exploración petrolera, al colmo que en estos momentos ni siquiera se sabe bien claro qué hacer con las regalías del petróleo que se pagan al Estado y que una ley que no se ha divulgado ni obedecido, dice que “deben ir a un Fondo de Desarrollo de la Nación”.

Esta disposición legal fue la que inspiró una de las propuestas más concretas con que cuenta el informe de Desarrollo Humano 2003, que propone alimentar un fondo de desarrollo con diferentes fuentes, para efectos de inversión social empezando, por supuesto, en las zonas más afectadas por la depredación, y luego, extendiéndose a todo el territorio.

Simplemente con esa impunidad, nosotros estamos obedeciendo al orden internacional vigente. Galeano lo dice literariamente así: “la impunidad se alimenta de la fatalidad, y la fatalidad obliga a aceptar las órdenes que dicta la división internacional del trabajo, como le pasó al tipo aquél que se arrojó desde un décimo piso por obedecer a la ley de gravedad”.

Fuentes consultadas por Galeano muestran que en el mundo más de 25 millones de personas deambulan buscando un lugar. Se trata de los desplazados ecológicos, que han sido expulsados gracias al espontaneísmo de las leyes naturales que rigen nuestros sistemas de producción. Sus tierras están arruinadas, sus ríos y lagos contaminados, y, para terminarla de fregar, los poderosos narcotraficantes esconden sus mercancías entre patrimonios naturales y arqueológicos.

Qué no diera la mayoría de países de Latinoamérica por contar con las tres grandes fortalezas nuestras: naturaleza, cultura y arqueología. Sin embargo, el reportaje inaudito de elPeriódico, también en esta semana, muestra con fotos que en los Amates, Izabal, cuevas naturales milenarias se convertirán en discotecas, a la luz de todo el mundo.

Está envenenada la tierra dice Galeano: “ya no hay parques sino parkings, ya no hay lluvia sino lluvia ácida, ya no hay sociedad sino sociedades anónimas. En nuestro mundo no hay visiones sino televisiones, no hay realidades sino publicidades, y para elogiar una flor, se dice: “parece de plástico”.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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