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En el laberinto kafkiano del IGSS
Por Edgar Balsells - Guatemala, 19 de febrero de 2005

Las abultadas maquinarias tramitológicas de estas tierras irredentas dan risa y pena.

Las férreas políticas funerarias del Estado, aplicadas en Guatemala durante los últimos veinte años, no sólo han venido siendo una fábrica de pobres, como ha sucedido en toda América Latina, sino también un horno de cremación de los más simples y ágiles procesos de trámite de cualquier diligencia, incluyendo el hoy arduo arte de pagar algún tipo de ajuste; sea éste impositivo, multas de cualquier tipo, o como fue evidente esta semana, la finalización de exoneración de multas por deudas ante el Seguro Social. Los días martes y miércoles fueron verdaderamente kafkianos en ese vetusto edificio del Centro Cívico que, a pesar de estar habitado en su cúspide por encumbrados personajes, sigue sin mejorar el más mínimo de los procesos tramitológicos que uno pueda imaginarse.

En el mar de expedientes estaba este escribiente, tratando de pagar un pequeño ajuste y apechugando junto a los más variopintos patronos y representantes legales citadinos. De seguro todos nos sentíamos como aquel personaje de nombre simple: “K”. quien deambula, en su más solitaria nimiedad y angustia, en varias novelas de Franz Kafka, el genial escritor praguense. En su magistral obra El castillo, Kafka relata la aventura de un funcionario que le replica a K.: “En una administración tan grande como lo es la administración condal, puede suceder alguna vez que una de las secciones ordene esto y otra aquello; no sabe una de otra, y aunque el control superior es de una precisión extrema, llega conforme con su naturaleza, demasiado tarde, y así, de todas maneras, puede producirse una pequeña confusión. Claro que se trata siempre tan sólo de ínfimas nimiedades, tales como por ejemplo su caso”.

Las abultadas maquinarias tramitológicas de estas tierras irredentas están plenas de burocratismos y legalismos que dan entre risa y pena. Si tuviera más espacio me ocuparía en relatar la cadena de pasos y estaciones, cual vía crucis, que uno tiene que recorrer por el pecado de pagar algún ajuste en el IGSS. Quizás sea más bien una forma de castigo inquisitorial, para recordar en todo momento que se está siendo un penitente ante el gran Leviatán. Alguien, ya cansado, me replicaba “Ya se imagina usted. Si este calvario hay que pasar para pagarle al IGSS, no quiero pensar lo que significa enfermarse por aquí…¡la muerte segura!

El Estado guatemalteco, desde su inicio es heredero de la cultura del despojo y del diezmo, forjada por esa trilogía de curas, milicos y tinterillos de la colonia. A ellos se unieron los contables y los tramitadores. La apología de la desconfianza es su himno favorito. Para ello crearon las hojas en triplicado, que en el IGSS, son cuatriplicados, los sellos y por supuesto los timbres notariales. En un principio las víctimas favoritas fueron los naturales del lugar, quienes no sólo hubieron de ceder, por la fuerza por supuesto, sus recursos naturales, sino pagar tributos en especie. Con esos lastres feudales, como les llamó Jean Ziegler, nos quieren transitar a las olimpíadas del libre comercio, que es como poner a competir con la selección de los mosquitos al equipo de Zidane y Ronaldo.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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