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¿Manos a la obra?
Por Edgar Balsells - Guatemala, 19 de marzo de 2005

Los retos de la globalización son inevitables de ser afrontados.

El reto actual de las altas autoridades del Estado guatemalteco, incluyendo por supuesto al Organismo Legislativo, es po7nerse a trabajar en una verdadera agenda incluyente de programas e implementaciones -ya no de leyes líricas- en materia de retos hacia el futuro. Tal agenda debiera haber sido edificada previamente a la ratificación del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos.

Se oye tanto de la cantaleta de la competitividad, del seguro agrícola, del apoyo a la pequeña y mediana empresa, pero quienes trabajamos en estas cosas en la calle, aún no las vemos, ni sentimos por ningún lado. Se oyen campanadas como el seguro agrícola, fondos para la empresarialidad y múltiples ofertas de apoyo al sector productivo nacional que evidentemente se encuentra en debilidad con respecto a cualquier tratado comercial de casi cualquier país. Hasta ahora todo esto ha sido mucho ruido y pocas nueces, pues buena parte de las entidades que hasta el momento trabajan en apoyo de pequeños y medianos agricultores, por ejemplo, lo vienen haciendo con cascaritas de huevo, si lo comparamos con los esfuerzos preparativos de otras naciones del orbe.

En el caso del seguro agrícola, por ejemplo, que se indica iniciará con una pequeña suma de 150 millones de quetzales, que ni por asomo cubre las necesidades del sector, es preciso que se convoque a los operadores técnicos y financieros que verdaderamente saben de la cuestión agrícola en Guatemala, principalmente la ligada con el gran número de pequeños productores, y las redes empresariales pequeñas, que han estado al amparo de las habilitaciones de las grandes empresas comercializadoras, que los expolian, y de los agiotistas y tiburones que pululan por todo el interior de la república. Como las estadísticas financieras lo demuestran claramente, los grandes bancos comerciales, si bien cumplen un papel vital para la gran agricultura y el comercio agrícola de exportación, poco acceso han ofrecido a redes de pequeños productores en el interior, y desconocen muchas interioridades de esa nueva moda del desarrollo latinoamericano que se ha bautizado como Desarrollo Económico Local (DEL).

Es importante también que las entidades que trabajan en los temas de la tecnología y la competitividad, como es el caso del Programa Nacional de la Competitividad (Pronacom), que aglutina ya una importante cantidad de fondos de cooperación técnica, acrediten a las entidades que ofrezcan una vasta experiencia en los temas de referencia, y que las designaciones de manejo de fondos y de programas no vengan a dedo, tal y como en múltiples oportunidades se ha hecho en el pasado, en donde sólo los de las roscas participan de esfuerzos que involucran a inversionistas institucionales y grupales.

Si los retos de la globalización, tal y como creemos muchos, son inevitables de ser afrontados, es preciso que el liderazgo institucional y político guatemalteco, en su conjunto, se ponga a trabajar sin mayores demoras en las exigencias que estos procesos demandan, pero con la condición de ofrecer programas de amplio alcance e incluyentes para que los eternos conflictos entre el Capital y el Trabajo, sean dirimidos en el marco de los hechos económicos y no con ofrecimientos y utopías que ya nadie las cree.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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