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La inflación guatemalteca
Por Édgar Balsells - Guatemala, 11 de junio de 2005

El problema es sobre todo ideológico

Los políticos, junto a los empresarios influyentes, saben tanto de asuntos económicos como este servidor de sánscrito o arameo. Guatemala es un país carente de diversos tipos de cultura: democrática, de tolerancia, de género y sobre todo de cultura económica. Es por ello tan importante que casas editoriales como el famoso Fondo de Cultura Económica esté afianzando mercado en el medio, pues de sus publicaciones podríamos derivar muchas conclusiones para atacar el mal inflacionario.

Sin embargo, por la carencia de ese tipo de cultura políticos y empresarios han subcontratado durante los últimos veinte años a los seguidores de una escuela de pensamiento cuyas conjeturas dogmáticas no superaron ni seis meses la fuerza de los acontecimientos en los propios Estados Unidos de América: tal escuela de pensamiento se denomina “monetarista”.

Está claro para todos los que nos ocupamos de esta ciencia que “el dinero importa”, como lo dijo alguna vez don Milton Friedman, padre del monetarismo. Sin embargo, de ahí a derivar que el crecimiento del medio circulante es la única causa del incremento de los precios hay mucha tela que cortar. Y adicionalmente, endilgarle al incremento de los precios del petróleo, y otros factores exógenos, las causas adicionales de nuestra inflación es también obviar la clara responsabilidad que las autoridades económicas tienen en este asunto.

El problema es sobre todo ideológico. Desde hace mucho tiempo se ha demostrado muy claramente que nuestros países latinoamericanos tienen innumerables rigideces y problemas de competencia de mercados. Aquí los oligopolios y monopolios son los que prevalecen, desde el azúcar, pasando por el pollo, hasta llegar a los molinos de harina y las cadenas de supermercados.

El tema entonces es reforzar la competencia y proteger al consumidor. Sin embargo, cuando se le endilga toda la culpa a lo monetario, se tienen declaraciones como las efectuadas por las autoridades del Instituto de Estadística (elPeriódico 8/junio), que aseveran que las onerosas operaciones de mercado abierto del Banco de Guatemala son la solución única de la inflación, y que por lo tanto el Ministerio de Finanzas Públicas debe apretarse más el cinturón y no gastar.

Esta pobre recomendación es la responsable de las graves recesiones latinoamericanas de los últimos veinte años. Resulta increíble entonces que políticos y empresarios influyentes sigan dándole tanto crédito a esta endeble creencia, que dicho sea de paso ha sido superada en todos los países civilizados del mundo.

En Guatemala hablamos de competitividad internacional, pero no queremos reforzar nuestros mercados. Esto es igual al proceso seguido de nuestra Selección nacional de fútbol, compuesta por individuos que no han salido de la férrea competencia interna de las ligas menores, sino del inmediatismo y urgencia por contar con íconos empujados por el “marketing” deportivo.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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