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La inflación y su necia cura
Por Édgar Balsells - Guatemala, 12 de noviembre de 2005

No puede haber toro valiente que resista.

Como bien lo sabemos todos, y más bien como bien lo sentimos en nuestros bolsillos, la inflación guatemalteca, la oficial dicho sea de paso; ha alcanzado de nuevo los dos dígitos, después de un buen número de índices bastante menores. Para la mayoría de ahorrantes, que alcanzan con mucho esfuerzo a guardar unos cuántos cientos de quetzales, resulta impactante darse cuenta de que las bajísimas tasas que paga el sistema financiero nacional por las cuentas en libretas de ahorro, están pulverizando, en términos de su poder adquisitivo, el ahorro, y por ende la posibilidad de expandir pequeños negocios.

La situación obliga a una discusión amplia en el medio, pues es más que ridículo el afirmar que este tema merece ser tratado tan solo por economistas, lo cual nos lleva al grave riesgo de tornarse irresoluble, dado que en la profesión, por cerca de 30 años, se ha instaurado un dogma de fe que le otorga al Banco Central el poder solemne de contener la inflación, lo cual es imposible en los tiempos modernos.

Resulta ser que algunos, neciamente, siguen insistiendo en que inflaciones como la guatemalteca son producto de un “fenómeno monetario” causado por la denominada “liquidez de dinero inorgánico”. Vaya usted a saber, estimado lector, qué significan estas cosas, y ni se preocupe por entenderlas, pues muchas de ellas se explican de una manera tan confusa que más que mostrar y sistematizar evidencias, ocultan lo palpable.

En entrevista realizada por Herbert Hernández al Presidente del Banco de Guatemala, y publicada en Prensa Libre el pasado miércoles, se declara en forma tácita que las causas del brusco incremento de precios se deben, por una parte al aumento del precio del petróleo y a los cuellos de botella generados en la oferta como cauda de las tormentas invernales, principalmente el huracán Stan.

El Presidente de la catedral de la moneda chapina afirma además, claramente que “los excesos de liquidez primaria son reducidos”. En otras palabras, el funcionario subraya claramente que nuestra inflación no obedece a fenómenos monetarios. ¿Entonces, por qué seguir descansando en las denominadas “operaciones de mercado abierto”, y anunciando un posible encarecimiento de las tasas de interés que manipula el Banco de Guatemala? Esa cura es totalmente inocua, además de ser sumamente onerosa para todos nosotros los contribuyentes, pues los intereses que perciben solo unos pocos tenedores de grandes sumas, los pagamos todos nosotros, quienes somos también los que recibimos tasas de ahorro negativas. Tan solo aquí hay dos puyas, y no puede haber toro valiente que resista tanto embate.

La Junta Monetaria, y principalmente sus sillas independientes, si las hay, necesitan repensar sus instrumentos de política antiinflacionaria, y como eso se hace en plenas vísperas de Año Nuevo, es importante comenzar a martillar sobre el tema, pues hasta ahora los remedios nos recuerdan algo así como darle Peptobismol a un enfermo constipado, con altos niveles de estreñimiento.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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