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Los salarios, el maíz y la inflación
Por Édgar Balsells - Guatemala, 23 de diciembre de 2006

Los productores de pollo y cerdo decretan aumento de precios.

En Guatemala, diciembre es época de sorpresas múltiples dentro de esa puja incesante por redistribuirse los frutos del crecimiento económico, y el caso de los salarios mínimos y del maíz amarillo son paradigmáticos del por qué nuestras inflaciones no son un tema de “liquidez monetaria” como aparentemente lo hacen ver algunos de los genios más prominentes de la intelligentsia.

Una de las sorpresas es la reciente decisión del Organismo Ejecutivo de no decretar aumento del salario mínimo. El salario diario para nuestra principal fuerza productiva seguirá siendo cercano a los US$5.60, lo cual contrasta de sobremanera con lo que los braceros reciben en Estados Unidos. Es en primer término un arma para seguir expulsando a la gente que nos sostiene y alimenta nuestras reservas monetarias , y de pasada sostiene el costo de la política monetaria y los presupuestos de entes como el Banco de Guatemala y la Superintendencia de Bancos.

Pero el caso que más llama la atención es, hoy en día, el del maíz blanco y el amarillo: nuestra frontera agrícola se ha ido ampliando a la producción de exportables, principalmente caña de azúcar, productos hortícolas y frutales. Las ventajas coyunturales de tales productos son innegables, aún cuando habría que pensar en todas sus externalidades negativas: agotamiento de los suelos, aplicación por toneladas de insecticidas, fungicidas y agroquímicos diversos, uso masivo del agua para tales fines. En fin, se debiera pensar en sus efectos sobre el desarrollo sostenible.

El maíz amarillo se usa poco en Guatemala, pero es clave como insumo de bienes agropecuarios, como la carne de cerdo y de pollo. Pero ahora resulta que la dependencia del maíz importado ha disparado los precios de insumos alimentarios, en virtud de que los mercados mundiales están optando por la producción “biocombustibles”, a base de maíz amarillo a gran escala, provocando ya una subida en los precios del bien, afectándonos desde ya con carne más cara a nosotros los sufridos consumidores.

Tomando ventaja de la coyuntura, llama la atención cómo las “asociaciones de productores” que en el caso de la carne de cerdo y el pollo, están dominadas por una, dos y a lo máximo tres empresas, toman la decisión de “decretar” los aumentos de precio. En excelente reportaje de Prensa Libre, del pasado miércoles, escrito por Byron Dardón, y que lleva como título “Precio de carne de cerdo al alza”, se acude al gerente de Apogua (la gremial de productores de carne de cerdo) Aníbal Samayoa, quien afirma que la medida se “autorizó ante el alza que se registró en los últimos meses en los precios del maíz amarillo, base del alimento procesado para cerdos”. Nótese entonces cómo Apogua, “autoriza” los incrementos. Adicionalmente, el reportaje indica que “Bernardo López, ministro de agricultura, confirmó ayer (…) que la carne de cerdo y la de pollo subirían en aproximadamente Q0.25 por libra, pero los porcicultores aumentaron el doble”. Nuestros genios económicos afirman que no hay inflación, de seguro porque sus salarios sí suben, y son parte de pactos colectivos burocráticos, pero el consumidor, el pueblo, bien comprueba la cruda realidad.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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