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Consumidores del mundo uníos!
Por Édgar Balsells - Guatemala, 14 de enero de 2007

Tengo un colega a quien admiro, aun cuando la opinión pública no le otorga el mérito real que tiene su actividad. Su nombre es Edgar Guerra, y es uno de los líderes de un colectivo cuya misión es velar por los usuarios del transporte urbano. Edgar aparece a veces en televisión analizando alguno de los incontables percances que a diario ocurren en la ciudad causados por las graves deficiencias de ese servicio llamado elegantemente “transporte urbano”. A mi juicio, Edgar es un profesional del tipo de Mohamed Yunus, quien ha ganado el Nobel de la Paz, y su actividad meritoria es que no se la pasa en hablar y proponer babosadas irrealizables, que más bien le hacen perjuicio a las grandes mayorías, sino su “praxis”, su acción, busca proteger el bolsillo e incluso la vida de los usuarios.

Entramos en una economía de alto estilo monopólico: los bancos a diestra y siniestra empujan fusiones, lo cual predice más posibilidades de colusión, los oligopolios como el de la harina dispararon olímpicamente el precio en noviembre, con un incremento cercano al 20 por ciento, la gasolina está presta a subir de precio ante cualquier expectativa alcista, pero baja a regañadientes de los grandes mayoristas. No digamos lo que sucede con el azúcar, el gas, la comercialización de electricidad, el comercio minorista en supermercados. En fin, se trata de unos pocos grupos que se encargan de la producción y la importación de productos, en convivencia con comerciantes pequeños, muchos de ellos informales totalmente dependientes de las condiciones y grandes negociaciones de unos pocos.

Como consumidor a mí lo que me interesaría inicialmente de un ente como la Diaco es que me informe cómo se mueven cada uno de esos grandes oligopolios y de si el incremento de precios se debe únicamente al incremento de costos de producción o si más bien es una muestra más de la pugna distributiva que tiene nuestro sistema por: acaparar mercado y simplemente incrementar las ganancias.

La Diaco se la pasa incluso haciendo ferias, actividad que si bien podría ser necesaria, no es lo que se espera de un ente de protección a los consumidores, y en esto entramos incluso al delicado y necesario tema de los Derechos Económicos y Sociales. Y para quienes rechazan el tema de los derechos humanos debemos recordarles que uno de los pilares de la gran riqueza económica de los Estados Unidos de América es su famosa ley antimonopolios y sus acciones en pro de la defensa de los derechos de los consumidores. Ello en Norteamérica es tan típico como el pastel de manzana y las hamburguesas.

Una nueva cultura de nosotros los consumidores una primera reacción, y se trata de estar más sensibles a los abusos que por todas partes se cometen, teniendo en cuenta de que lo que sucede con el prójimo podría también pasarle a seres queridos. Urge entonces entidades que desinteresadamente y sin buscar cacicazgos ni componendas con el Estado o con grupo particular alguno, se organicen para velar por los derechos y dignidad del consumidor.

Fuente: www.elperiodico.com.gt - 130107


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