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Britney: ¿decadencia modernista?
Por Édgar Balsells - Guatemala, 25 de febrero de 2007

Acaso una muestra de los modos de vida que tantos anhelan alcanzar.

En su libro sobre Historia de la sociedad de la información, el siempre genial Armand Mattelart subraya que con ese sugestivo señuelo de “la modernidad”, se remoza el proyecto de occidentalización del mundo, que es algo así como un hamburguesamiento cósmico de la realidad.

En tal sentido, todos los hombres y mujeres instruidos debemos admitir que el mañana será un mundo occidentalizado, como alterando de sobremanera la geografía del globo.

Gracias a ese hamburguesamiento se transmiten millones de noticias, aunque como lo advierten nuestros neoliberales, “somos libres de elegir las que mejor se adapten a nuestros gustos y preferencias”. Sin embargo, cuando uno se da cuenta de que el bombardeo mediático se concentra en las bizarrerías de Paris Hilton, o las ultimísimas andanzas del símbolo pop Britney Spears, y de que tales excentricidades forman parte de la multitudinaria atracción, inferimos que algo debe ser objeto de reflexión en la tan cacareada “modernidad” que se insufla por doquier, principalmente a los jóvenes de hoy.

Resulta ser que el pasado miércoles, los medios occidentales estuvieron ocupados por los últimos entuertos de Britney quien, como sus predecesoras y predecesores más prominentes, se ha graduado al estrellato al ingresar a los más afamados rehab centers, que no son otra cosa que antialcohólicos o centros de desintoxicación, que atraviesan el mapa, desde Malibú a Cape Cod.

La historia inmediata de Britney corre así: en menos de una semana se internó por poco tiempo en dos centros de rehabilitación para drogadictos, siendo el primero uno de muy famosos, fundado por Eric Clapton, localizado en el Caribe, y el segundo el Malibu Promise Center, al cual ingresó la Diva luego de una gran resaca de todo el fin de semana, en donde incluso estuvo de paso en un conspicuo salón de belleza de Los Ángeles, en donde se hizo rapar por completo, siendo que, ni lerdos ni perezosos, los dueños atesoraron cabello por cabello, estando prestos a ofrecerlos en una pública subasta, cuyo piso estará en más de US$1 millón.

Acuciosos historiadores del cambio social como es el caso Oswald Spengler aluden a temas preocupantes como el “Ciclo vital de las Culturas”. Spengler, por ejemplo, asevera que “las culturas son organismos y la historia universal es su biografía”. La cultura es entonces el protofenómeno de toda la historia universal, pasada y futura, aspecto que ya había sido retomado por el gran alemán Goethe en su “naturaleza viviente”. Se indica así que hay puntos cuando las culturas empiezan a morir, a volverse inertes, aunque duren 20 o 100 años más, con lo cual empieza la decadencia. No sé entonces, si las señales ya son evidentes, y Britney no sea más que otra muestra de los modos de vida que tantos anhelan alcanzar.

Fuente: www.elperiodico.com.gt - 240207


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