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El cambio climático: otro gran costo
Por Édgar Balsells - Guatemala, 14 de abril de 2007

Y aún así, EE.UU. se resiste al Protocolo de Kyoto.

Acostumbrados como estamos los guatemaltecos a paliar emergencias por todos lados, hemos estado viviendo con una visión miope, haciendo las cosas solo para mientras, y es por ello que no tenemos tiempo –mejor dicho no estamos educados– para ver las grandes cosas, para reflexionar y pensar en el largo plazo. Y así actuamos en el interior del hogar, en nuestras empresas, en nuestros municipios, potenciados por una similar forma de ver las cosas, por los políticos, los empresarios y, en fin, de los líderes del país.

Es por tales razones que muy poca atención le hemos prestado al cambio climático, aspecto este en torno al cual me late que los grandes líderes mundiales nos tienen aún ocultas muchas sorpresas, que gracias a diversos entes preocupados por el tema están saliendo a flote.

Cuando me percaté que el tema era en verdad serio fue en septiembre del año pasado, cuando la influyente revista inglesa The Economist, publicó un sendo reportaje bajo el título The heat is son, A survey of climate change. El reportaje de marras muestra claramente que uno de los aspectos más novedosos, y alarmantes que diferencian el calentamiento de la tierra observado hoy en día de otras fases similares en la antiquísima historia del planeta es el referente a la acción del hombre en dicho proceso, por medio de los gases de invernadero, que son un producto de la nueva era industrial y de gran contaminación urbana.

Indica The Economist que los estudios efectuados principalmente sobre muestras de nieve en los lugares más fríos del planeta, indican que las concentraciones de dióxido de carbono, un producto de la gran contaminación, no han sido tan fuertes desde hace la friolera de 500 mil años. ¡Qué tal! Y aún así Estados Unidos se ha resistido a adherirse a las convenciones internacionales sobre tan amenazante escenario, conocidas como Protocolo de Kyoto.

¿Cómo ello nos afecta? Resulta ser que incluso los organismos de desarrollo que se ocupan del futuro de nuestros impotentes países pobres han dado la voz de alarma. Por ejemplo, el informe del denominado “Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático sobre los efectos, la vulnerabilidad y la adaptación”, que forma parte de iniciativas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), ha dado la voz de alarma y advierte que todo esto implica para nuestros países: “Sequías, hambrunas, pérdida de viviendas, pérdida de tierras para cultivo e incluso pérdida de las propias vidas”. El grupo de expertos indicados hace un llamado expreso a los gobiernos de países como los nuestros a ponerle toda la atención posible a esta amenazante situación, siendo que las proyecciones apuntan a que a fines de este siglo “muchos millones de personas más se verán amenazadas por graves inundaciones anuales, especialmente en zonas densamente pobladas de baja altitud en que la capacidad de adaptación es relativamente escasa y ya se hacen frente a otros retos como tormentas tropicales y depresión costera local”.

Podemos concluir entonces que es urgente un renovado papel de ministerios como el de Agricultura, Ganadería y Alimentación y de entidades como el Instituto Nacional de Bosques, el Consejo Nacional de Áreas Protegidas, Conred e insivumeh, y no digamos del Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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