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¡Llenos de pisto, pero pobres!
Por Édgar Balsells - Guatemala, 26 de mayo de 2007

Hay derroche en los sectores.

La engañosa “estabilidad macroeconómica” que ha estallado en estos años por toda América Latina puede ser una especie de boomerang si no se tiene en cuenta la historia inmediata de la región. Los más recientes análisis de la economía mundial muestran con lujo de detalles y números que la “desinflación” que se observa en el globo se debe principalmente a la notable mejora en la productividad de diversas economías desarrolladas y en desarrollo, tal es el caso del tremendo empuje de la economía china, donde la industria del calzado, prendas de vestir y de bienes de consumo ha barrido con todo lo que se le pone en frente, en cualquier otro sitio geográfico.

Resulta ser que ese notable crecimiento de los más exitosos ha llevado beneficios coyunturales a la región que, como en el caso de los chilenos, “ya no sabe qué hacer con las divisas”, que fluyen gracias a los réditos de actividades mineras como el cobre, que es a Chile lo que el azúcar representa para Guatemala, solo que ellos lo han tenido siempre nacionalizado. Lo anterior es revelado con lujo de detalles en el interesante artículo, elaborado por Bob Davis, y publicado por el suplemento económico de Siglo Veintiuno el pasado martes, que lleva como título “Chile busca vacunarse contra los efectos del auge del cobre”.

Resulta ser que, gracias a los altos precios del cobre, que constituye un material básico para la pujante industrialización asiática, los chilenos están anegados de divisas y, siendo que la súbita riqueza también provoca pugnas y controversias, se están buscando las fórmulas más adecuadas para ahorrar y prepararse para los tiempos de vacas flacas, en virtud de que, cuando uno analiza la historia: el auge y la caída son, simplemente, dos caras de la misma moneda.

Me pregunto yo ¿qué discusión tenemos los guatemaltecos a este respecto? En materia del denominado “mercado institucional de divisas”, por ejemplo, que administra el Banco de Guatemala, los crecientes ingresos por producto de la inversión de las reservas monetarias internacionales, únicamente sirven para sostener ese oneroso costo de la política monetaria, que se derrama, en el IGSS y en unos pocos bancos del sistema, así como para mantener los presupuestos burocráticos del banco central, de la superintendencia de bancos y de las juntas de exclusión de activos y pasivos de los bancos quebrados.

En el lado privado, el derroche es parecido: los azucareros están llenos de divisas, otros exportadores agrícolas también, e incluso están recibiendo billonarias devoluciones por concepto de crédito fiscal.

Todo eso se queda en los refugios financieros del caribe o en algún banco estadounidense. En términos globales el ahorro ha caído en Guatemala, pues somos poco propensos a conformar reservas financieras institucionales, dado que tan solo se busca el gasto en productos importados e invertir en lujosos proyectos inmobiliarios, que pronto provocarán la lógica burbuja especulativa de la vivienda. Estamos siendo empujados por el vagón de la reactivación latinoamericana, pero aquí la miopía es parte del comportamiento colectivo: ¡no vemos la ola que viene sino hasta cuando nos lanzará de bruces!

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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