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Comercio, más que “ayuda”
Por Édgar Balsells - Guatemala, 9 de junio de 2007

La Comunidad Europea mantiene barreras arancelarias.

Una noticia interesante de la semana relata el viaje de una delegación guatemalteca a Washington, D.C. para reunirse con autoridades estadounidenses en busca de admisibilidad para más productos agrícolas en ese mercado. Esta fue encabezada por el ministro de Agricultura, Bernardo López, y su objetivo estuvo centrado en productos agrícolas nuestros como los arándanos, la pitaya, el aguacate y brotes de bambú.

En el caso del aguacate guatemalteco, se comenta en medios productivos que siendo el suelo patrio la cuna de la semilla del ahora famoso aguacate Hass, no se ha podido competir con la poderosa cadena de comercialización del aguacate Hass michoacano que ha inundado los mercados regionales. Como país pequeño, somos proclives al libre comercio, y necesitamos precisamente de la apertura de mercados grandes como el estadounidense para poder asegurar la expansión de proyectos productivos.

Los productos citados poseen actualmente una serie de restricciones denominadas como “fitosanitarias”, que se unen a la miríada de barreras diversas y subsidios que emplean los países ricos para proteger a una masa ínfima de productores, globalmente hablando, que impulsan poderosos lobby, ya sea en Washington o en Bruselas, para seguir manteniendo sus privilegios, haciendo del libre comercio una verdadera hipocresía en el nuevo siglo, que los países ricos pretenden subsanar con dádivas diversas de “cooperación técnica y financiera”, con las que, dicho sea de paso, nos imponen sus modos de vida y su forma peculiar de moldear instituciones, incluyéndose aquí el ya obsoleto Consenso de Washington.

En el caso de las relaciones Europa-América Latina la situación es igual de problemática, siendo que en productos en los que somos competitivos, como es el caso del azúcar y el banano, la Comunidad Europea mantiene barreras arancelarias y subsidios, como sucede con el arancel de 176 euros por tonelada que se aplica al banano guatemalteco, para favorecer a pequeñas ex colonias europeas, lo que ha provocado que los países latinoamericanos denuncien el régimen europeo de importación ante la Organización Mundial del Comercio.

Como se puede observar, con tan solo dejar de seguir aplicando el discurso del libre comercio “del diente al labio”, nuestra región podría acceder a un régimen globalizado más justo, en donde nuestra dignidad demanda que no se nos vea con lástima, sino como sujetos constructores de un orden mundial nuevo, en donde los países menos favorecidos dejen de hacer el papel de comparsas, que han llevado por siglos la peor parte de los diferentes órdenes “globalizados”, en donde el saqueo, el poder del más fuerte, la imposición y la sumisión, han dejado a un lado a la cooperación y la justicia internacional.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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