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¡Fútbol fuera de plaza!
Por Édgar Balsells - Guatemala, 23 de junio de 2007

Los semilleros del Caribe brotan por generación espontánea.

El deporte, como lo demuestra hoy la pequeñísima isla de Guadalupe, es una actividad humana que depende básicamente de dos factores, que a menudo suelen olvidarse por aquí: primero, se requiere de un pueblo bien alimentado y con buenos estándares de vida, y segundo de abundantes fuentes de recreación y de salud mental colectiva, siendo que gradualmente los más dotados físicamente transitarán a las élites competitivas, casi por inercia del sistema. A ello añadiría otra dimensión, tal cual es la de ser una actividad que requiere del mejoramiento constante de la educación y la cultura, pues el deporte se transmite a través de mentores, que se forman en los recintos magisteriales y las facultades de educación.

Ahora resulta que una isla poco conocida en Mesoamérica, y cuya extensión es de tan solo 1,780 kilómetros cuadrados, situada en aguas meridionales del Caribe, ha mantenido en jaque a una opinión pública deportiva, que moldea las mentes de más de cien millones de almas. El equipo guadalupano, participante en la Copa Oro, si bien desorganizado, y con uniforme parecido a nuestros equipos escueleros, respira fútbol y deporte por los cuatro costados, y es por ello capaz de unir en un team efectivo a experimentados cracks, quienes escoltan a desconocidos amateurs, que dividen su tiempo entre chamuscas y la prestación de sus servicios en hoteles de la isla.

Lo cierto es que no todo esto es casualidad: Guadalupe es a los franceses lo que Hawái es a los estadounidenses. El euro es su moneda, y se mantienen muy abiertos al mundo globalizado, produciendo turismo, atletas a granel y, por supuesto, jugadores de fútbol. Es la isla del padre del gran Thieri Henry, y de Lilian Thuram, uno de los bastiones de la Selección francesa campeona mundial. Incluso, hay veces en que toda la zaga, de les Bleues es copada por guadalupanos, como pasa cuando alínea con Chimbada, Thuram, Gallas y Silvestre.

Los semilleros del Caribe brotan como por generación espontánea. Se trata de sociedades más parejas, donde el deporte se practica como parte de la educación, la convivencia social y la búsqueda de mejores oportunidades. Han superado la pobreza extrema y la desnutrición, el peso y la talla de los niños y niñas es cada vez más uniforme, y el ambiente de las medallas olímpicas no es producto de rosas silvestres. Desde que Herb Mc Kinley arrasó en los 400 metros planos en Helsinki 52, han desfilado campeones de todas las variedades olímpicas, y de todas las islas, al lado de dirigentes conocedores de lo que hacen pues los más respetados han lucido el laurel de la gloria. Por esos lares, el falso marketing no infla “pescados” ni “locos” ni. El marketing les viene luego, de forma contundente y globalizada, luego de comprobarse sus triunfos. ¡Esa es la diferencia!

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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