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Ahorrantes y consumidores: ¡uníos!
Por Édgar Balsells - Guatemala, 4 de agosto de 2007

La necesidad de vigilar los derechos de quienes compran.

Si algo ha quedado muy claro por toda América Latina en los últimos tiempos es que la formación de los precios en un abanico de sectores es, ante todo, un proceso administrado por productores que se aglutinan ante los ministerios de Economía pidiendo permiso para “acomodar” sus utilidades.

Libres son de hacerlo, y libres son de pedirlo, pues las constituciones políticas democráticas así lo prescriben, pero: pregúntele usted a la gran mayoría de amas de casa guatemaltecas si son capaces de “acomodar” sus ingresos, ante el asalto de los productores y grandes comerciantes.

Nuestra inteligencia económica se asevera que no hay inflación, en virtud de que este fenómeno se define como un proceso de alza creciente y constante en los precios; es decir, algo que los gringos etiquetan como ongoing inflation. En realidades civilizadas y muy democráticas, se observa que este último fenómeno se produce como parte de la pugna distributiva entre empresarios organizados y trabajadores, siendo que los primeros, empujan sus precios al alza y es natural esperar una reacción similar por parte de las grandes centrales sindicales, produciéndose así un fenómeno de bola de nieve que puede llegar a tener consecuencias funestas en toda la sociedad.

Sin embargo, aquí, el proceso es medio tímido y muy interesado: ya no hay grandes centrales sindicales, sino una masa inmensa de trabajadores informales desorganizados que cada mes ven, poco a poco, reducirse su capacidad adquisitiva, siendo que en los últimos días, se ha observado un nuevo asalto concertado al consumidor, en materia de precios de combustibles, pan, tortillas y leche.

Así, el famoso “francés”, no solo es cada vez menos consistente y más pequeño, sino su costo unitario se disparó hasta los 35 centavos, mientras que las tortillas, que ya parecen hostias sin consagrar, llegaron a costar la famosa “choca”. Y en el caso de la leche, la situación es harto más complicada, pues nuestra dependencia con el exterior nos hace vulnerables a los últimos saltos de la demanda china o la merma de las vacas neozelandesas.

Resulta importante entonces adentrarse en tales funcionamientos e ir actuando a la vez en beneficio de consumidores, ahorrantes y demás público que sostiene los procesos productivos en diferentes sectores económicos. Es vital que se consoliden organizaciones de consumidores y entes que vayan velando por el interés público, en virtud de que podrían existir casos concretos en los que los precios no reflejan la realidad de los costos reales de producir tal o cual bien, y lo que se nos esté imponiendo a los ciudadanos comunes y corrientes sean sobreprecios que drenan un proceso competitivo tan necesario en todas las sociedades democráticas y modernas.

Por estas y otras razones en los países desarrollados se ha venido observando una proliferación de entes que presionan ante ministerios y parlamentos para erigir una normativa básica que fomente la justicia en este importante campo de la actividad social.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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