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Aquí no puede ocurrir
Por Édgar Balsells - Guatemala, 18 de agosto de 2007

El fraude inocente que ha invadido al sistema en que vivimos.

La frase anterior no es mía, sino del genial cientista social español Joaquín Estefanía, quien publica en el diario El País, y luego de la crisis financiera de 1998 escribió un libro, editado por la prestigiada editorial Santillana que se intitula de esa manera. Y es que nuestro medio aldeano y atrincherado en sus propios problemas, y carente de antenas globalizadas, no se ha dado cuenta de la tormenta que está azotando muy cerca de nuestras fronteras, y que es preciso sintonizarla en virtud de que a puro rempujón nos han metido en aventuras tan riesgosas como el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos de América, que nos acerca de múltiples maneras a las formas de pensar, los acontecimientos y los vaivenes de las bolsas de valores y los grandes negocios corporativos tipo Wall Mart. A la fecha de terminar estas líneas se produjo a lo largo del globo desarrollado el llamado Jueves Negro, en donde se confirmaron los temores de una nueva crisis financiera, derivada de lo que en columnas anteriores califiqué, usando afirmaciones de John Kenneth Galbraith como “el fraude inocente”, que ha invadido el sistema: resulta ser que la laxitud con que han operado los especuladores financieros, creando fondos de inversión a diestra y siniestra, soportados de diversas formas por los grandes bancos internacionales, así como la prevalencia de una política monetaria de bajísimas tasas de interés para reactivar la economía, han producido su efecto esperado: la súbita alza de tales tasas, afectando a creditohabientes quienes habían sido alentados por vendedores incluso a aguantar y jalar con dos hipotecas, a efectos de cumplir así con el ansiado American Way of Life.

En el festín del dinero barato y abundante, como era de esperarse, los de siempre hicieron su agosto: especuladores financieros, banqueros, desarrolladores de proyectos inmobiliarios, monopolistas que adquirieron grandes consorcios, apoyados por abundante deuda que incluye hasta los denominados “bonos chatarra”, y en fin, el establishment que apoyó estos procesos, en tanto las frías cifras macroeconómicas de las que alardean los políticos y los tecnócratas indicaban que “la macroeconomía estaba excelente y la economía crecería como nunca”. ¿No les parece a ustedes una similar forma de pensar que se expande por toda América Latina, al punto que en las ofertas electorales casi ningún candidato suele alertar a los votantes de todos estos problemas, y de proceder a políticas de mayor cuidado hacia el aparato productivo hacia el ahorro y cosas por el estilo?

En Guatemala, por ejemplo, ningún candidato presidencial habla claramente sobre estos temas, aún cuando tenemos el espejo y el mirador muy cerca de nuestras fronteras, y las cifras hablan por sí solas: en toda el área de libre comercio de Norteamérica, así como en Centroamérica, el ahorro ha venido cayendo por los suelos, la especulación y el coyotaje ha hecho mella de la economía. Allí está el ejemplo de El Salvador, que se enorgullece de ser una economía dolarizada y próspera, pero ya no se producen ni piloyes.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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