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Breve Crónica de un Premio
Por Édgar Balsells - Guatemala, 1 de septiembre de 2007

Reconocer el valor de una generación formada en la vorágine.

El pasado jueves, el Palacio Nacional de la Cultura sirvió de magno recinto para la entrega del Premio Nacional de Literatura 2007, que se constituye en el máximo galardón entregado por el Estado de Guatemala a un escritor del medio, recayendo el mismo en el amigo Mario Roberto Morales, valioso intelectual quien como suele suceder a los de su estirpe, se encuentra hoy produciendo fuera de nuestras tierras, aunque como él mismo lo ha expresado en el preámbulo de numerosas entrevistas previas a tan importante evento: “Se encuentra entrañablemente unido a lo que acontece en Guatemala” y es por ello que a menudo se le encuentra en más de algún acto cultural, o caminando por alguna calle antigüeña.

En este ambiente de hedonismo y consumismo, aseveró el escritor, en su discurso de aceptación del premio, en donde los literatos globales “más exitosos” están al acecho de las novedades de la gran masa de lectores, preocupados por colocar en las góndolas y estanterías los libros de la próxima estación veraniega, el arte mismo se ha venido subordinando a la lógica del mercado. Ello no solo enajena la tan necesaria libertad individual para crear, sino subsume lo estético a lo que yo llamaría como “el libre juego de las necesidades de la recreación mundana y de la oferta y la demanda”.

En el ambiente quedó claro el mensaje de un premio en esta línea: se trata de reconocer el valor de una generación que se formó en medio de una vorágine de acontecimientos, marcados por la guerra fría, la polarización y la violencia política, y que a pesar de todo ello se dedicó a amar, vivir la vida, luchar políticamente, compartir e intentar dejar algún legado para la posteridad, con frustraciones y alegrías, y que hoy los jóvenes de la era digital bien debieran dirigirle la vista, pues quizás, más temprano que tarde, se darán cuenta de abundantes eventos en la historia en donde es preciso volver a las raíces para avanzar de nuevo, siendo ello parte de una “dialéctica social”, como bien lo dijo Morales

Un hombre de universidades, de parranda, de exquisito aire conversador y últimamente de travesías globalizadas entre Norteamérica y Europa, se encuentra hoy en su vida productiva más prolífica y destellante, escribiendo incluso folletos literarios introductorias, pensando en los jóvenes de la secundaria, pero a la vez, apuntando su crítica aguda a la tragicomedia que agobia al mundo desarrollado, que no es más que el reflejo magnificado de nuestro mundo vital.

La generación de Mario Roberto Moralese es la abanderada de un pensamiento caracterizado por el rupturismo, la crítica y el radicalismo, en sus sentidos estéticos y de libertad más dignos”.

Felicidades a él, en primer lugar, a sus hermanos y hermanas y por sobre todo, a Magda, su querida madre que viajó desde la querida Tampa, Florida, para estar de nuevo en su casona de la Avenida Elena.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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