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La otra China
Por Édgar Balsells - Guatemala, 22 de septiembre de 2007

La entrada de un gigante en la economía mundial y su impacto.

Para la próxima semana está programada la realización en nuestro país de la primera feria comercial del sector privado de la República Popular de China. Los medios han anunciado la participación de un grupo de 70 representantes de 24 empresas, domiciliadas en ciudades de gran proyección mundial como lo son Shangai, Beijing y Chongqing, así como de diversas provincias donde están asentados los famosos parques industriales del país asiático.

De acuerdo con los dirigentes comerciales chinos, hay un interés particular en nuestro país, en virtud de que se trata de la economía más grande de Centroamérica y que en los últimos años se ha dinamizado la importación de bienes desde el gigante asiático.

Y es que no se puede tapar el sol con un dedo: por ejemplo, la influyente revista inglesa The Economist publicó hace exactamente un año un reportaje de sumo interesante titulado “¡Sorpresa!: el poder emergente en el mundo actual”. Se trata de un acucioso estudio de 19 páginas en el que, en una de sus ilustraciones, el águila estadounidense y el ganso europeo miran con ojos de asombro el nacimiento de un pichón de ave de pico aguileño y plumas abundantes, que emerge de un cascarón con ilustraciones de mapamundi. Se trata así, del poder de la República Popular de China. The Economist, una revista conservadora por excelencia, menciona que a pesar de haberse unido China a la Organización Mundial de Comercio –OMC– hasta 2001, es una nación que tiene un tremendo impacto en el seno de las denominadas “economías emergentes”, siendo ello debido a su gran tamaño y su sorpresiva apertura al comercio y la inversión con respecto al resto del mundo. La suma de las exportaciones e importaciones chinas equivale a cerca del 70 por ciento de su producto global, en contra de solo un 25-30 por ciento de India o Estados Unidos. Nótese entonces la diferencia de un país al que nuestra historia lo ha nublado de manera secular.

La entrada de este gigante en la economía mundial ha tenido tal impacto imprevisto que se han cambiado diametralmente los patrones de productividad global, y la gente y los medios tienden a creer, erróneamente, que la estabilidad de precios en la mayoría de nuestros países se debe a nuestra propia energía macroeconómica: ¡nada más alejado de la verdad! Lo cierto es que la ola de reactivación y precios bajos por doquier, a pesar de la especulación petrolera, se debe al impacto del trabajo laborioso en diversas ciudades de la República Popular China y del sudeste asiático, habiéndose empujado la demanda mundial de bienes agrícolas y primarios y sucumbido los otrora altos costos productivos europeos y norteamericanos.

Será entonces un reto crucial de nuestra diplomacia y dirigentes públicos y privados encontrar caminos que nos permitan estar más en contacto con esa otra mitad del mundo que desconocemos casi por completo, sabiendo como lo han hecho otros países guardar un debido balance de relaciones entre las dos Chinas, pues hasta Taiwán mantiene múltiples relaciones económicas con el poderoso país continental.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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