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Exitosa agricultura de boutique
Por Édgar Balsells - Guatemala, 29 de septiembre de 2007

Hay que guardar las dimensiones que la realidad demanda.

Desde que se acuñó la palabra “agribusiness”, y el estudio de “casos exitosos” es común que en reuniones con expertos y gente importante, tomadora de decisiones, afín a las nuevas modas, se retome el discurso de los “empresarios agrícolas exitosos”, que incluso es un arma refinada en contra del agrarismo, los hombres de maíz y todas aquellas visiones que ponen nerviosos a nuestro establishment, tan reacio a afrontar de frente el tema de la conflictividad agraria.

Según lo que aprendí de mis más recordados mentores, Guatemala se diferencia en buena parte de naciones como Costa Rica, precisamente porque por estos lares se siguió el modelo de la gran agricultura de plantación, con algunos destellos de similitud a lo que sucedió en Rusia y en Alemania en el período previo a su revolución industrial: privaron en este modelo los grandes terratenientes, llamados junkers en Alemania y kulaks en Rusia, y aquí simplemente “latifundistas”.

Lo que nos cuenta con claridad por ejemplo Irma Alicia Velásquez Nimatuj, en su pasada columna con respecto a la herencia agraria de Panzós y la incursión de los alemanes en las Verapaces, es sintomático entonces de una buena parte de los grandes problemas agrarios que afloran en nuestra epidermis social, pero tienen gruesas raíces en nuestro sistema social y político. Aún cuando veo con admiración los denominados “casos exitosos” que son la comidilla de las reuniones importantes en diversos foros guatemaltecos, estimo que hay que guardar las dimensiones que la propia realidad demanda cuando algunos de esos casos exitosos se tratan de replicar como el sendero a seguir por toda la política agrícola, rural y agraria de cualquier país latinoamericano. Y me refiero a los tan trillados ejemplos de: los bosques de Totonicapán y la exportación de shampoo, las verduras de Almolonga o las lechugas de los lugares visitados por el presidente Bush en Chimaltenango.

Estoy bien enterado de los éxitos de grupos asociativos como Cedros, Fedecocagua, Cuatro Pinos y los productores de patatas en la región mam y comprendo que hay buenas posibilidades de trabajo en el fortalecimiento de estos clusters, y que además son muy apetecidos por las góndolas de los Walmart. Pero de ahí a querer trasplantar toda una política agrícola, agraria y rural que no tome en cuenta aspectos tan estratégicos como la alimentación del país, hay mucho trecho.

La seguridad alimentaria y nutricional es tan estratégica como sus políticas de seguridad ciudadana más apremiantes. Un reconocido médico experto en estos temas me indicaba que es increíble detectar ahora diabetes en mujeres indígenas totonicapenses de 28 años, que el 60 por ciento de los hogares guatemaltecos consumen sopas de vaso de duroport, que es un material con efectos cancerígenos, y que las saladísimas sopas de consomé están causando estragos como los de hipertensión en jóvenes de 25 años. Las cosas entonces, en política pública no son tan fáciles como los filósofos de la agricultura de boutique quisieran con sus ejemplos esporádicos y particulares.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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