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¡2.5 trillones!
Por Édgar Balsells - Guatemala, 27 de octubre de 2007

Simples ofrecimientos de migajas para el desarrollo de América.

De acuerdo con el más reciente reporte de la Oficina del Presupuesto del Congreso de Estados Unidos de América, encargada del monitoreo de las finanzas federales, dicha nación ha gastado US$605 billones en la denominada “guerra contra el terror”, que se inició a partir del atentado a las torres gemelas y la posterior invasión a los afganos, y que actualmente prosigue con el sostenimiento de las tropas en Irak.

Y lo peor de todo es que las estimaciones oficiales apuntan a que ese número puede incrementarse en poco tiempo hasta la friolera de US$2.5 trillones, que es el equivalente a multiplicar la cifra de 1,000 por 2.5 billones; es decir la cifra de 2.5 acompañada de 12 ceros, que es como se miden actualmente las grandes cifras en el norte. Además tiene una deuda astronómica de cerca de US$45 trillones, incluyendo aquí los créditos de los ciudadanos comunes y corrientes, principalmente destinados a su conspicuo consumo.

El pasado lunes el presidente Bush se acercó de nuevo al Congreso para solicitarle otra tajada, cercana a los US$42 billones, en virtud de que ahora las cosas en Irak están más calientes que nunca porque los guerrilleros kurdos, que contribuyeron al derrocamiento del régimen político anterior, se han rearmado y fortalecido, en términos de moral y nacionalismo, amenazando con ello a sus vecinos turcos e incluso causando gran nerviosismo en el mercado internacional del petróleo, por lo estratégico de la zona, llevando a la preocupación internacional y motivando al poderoso Gobierno ruso a estar más atento de esos conflictos locales.

Lo cierto es que, aquí y allá, la carrera guerrerista es un gran negocio, que además sostiene discursos basados en el miedo de la gente y en la incapacidad de cada uno de nosotros para hacerle frente a los avatares de la sociedad del riesgo, donde las amenazas son cada vez más impactantes y donde los señores de la guerra hacen su agosto con la venta de armamento, fomentando, eso sí, a diestra y siniestra, la demanda del mismo y creando las necesidades para el consumo de tan siniestros bienes.

Llaman la atención las astronómicas cifras de este negocio, en comparación con lo que ofrecen los países desarrollados en apoyo al desarrollo de esta parte del mundo, que todavía presenta necesidades básicas insatisfechas, incluyendo hambrunas. Recordamos así los compromisos retóricos de la Cumbre de Monterrey, que contó con el propio presidente Bush y donde se habló de la “Financiación del Desarrollo”, donde ni siquiera se contó al final con compromisos cuantificables, sino más bien simples ofrecimientos de migajas para el desarrollo, cuando se comparan con los trillones invertidos en actividades bélicas.

En Monterrey, los firmantes se comprometieron a realizar esfuerzos para reducir a la mitad el número de pobres para 2015, sin embargo, con cascaritas de huevo ello es todavía un sueño en este mundo al revés.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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