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Lecciones para el gobierno de empresarios
Por Eduardo Blandón - Guatemala, 16 de febrero de 2005

A propósito de las marchas y protestas recientes, desde hace algunos años vengo escuchando a los gobernantes el clásico "si quieren las cosas diferentes que formen su partido político y que ganen las elecciones". Yo creo que atrás de esa muy gastada frase hay un sentimiento de que en habiendo ganado las elecciones ya tienen el cielo y la tierra abiertos para hacer lo que les dé la gana. Al final, me imagino, ellos deben pensar que el pueblo les dio el poder para que lo ejerzan sin titubeos.

Pero me temo que no se trata de eso en un sistema tan complejo como es la democracia. Es cierto que no se le debe estar preguntando a la población para cualquier tipo de decisión. Imagínese qué horrible sería ir a referéndum o plebiscitos constantemente. Pero, es legítimo que en caso de decisiones claves, en ese tipo de eventos que son vitales y afectan a todos, dialoguen con la gente a través de los grupos organizados que en ella existen. Yo creo que tomar una decisión apresurada y casi en secreto, sin mayor información, como ha ocurrido en el tema del TLC, no es conveniente. Un tipo de decisión así daría una impresión más de arbitrariedad que de otra cosa.

Además, esta actitud mandona y de poco diálogo muestra un desprecio a la inteligencia de la gente. Es algo así, como creer que la población no tiene capacidad de entender las decisiones y que por tanto no vale la pena platicar con ellos. Se toma a la gente como niños. Con los niños es poco lo que se "negocia" cuando se trata de grandes decisiones: ir a la escuela, bautizarlos o hacer la primera comunión. Ahora no lo entiende, se piensa, pero me lo agradecerá en el futuro. Parecido a lo que dijo el Presidente en días pasados, "cuando reciban los dolarones veremos si van a protestar".

Asimismo, considero que la actitud del Presidente al despreciar a los líderes, llamándoles "mechudos" y vividores, es poco inteligente. Porque él es el símbolo de la unidad y debe acoger a todos. Más aún, con esa actitud aleja la posibilidad de una solución pronta y consensuada porque provoca sentimientos de rechazo y exacerba los ánimos. Lo mejor, para las próximas ocasiones, es imitar la conducta de uno de los presidentes del pasado (aquel que estuvo de 1986 a 1990) que dialogaba con todos y se le miraba siempre una perenne sonrisa.

La preocupación de la población por el TLC es legítima porque deja desprotegidos a los sectores que tradicionalmente han sido golpeados por la mala política pública. Más aún cuando quienes lo suscriben son parte del gobierno de empresarios que históricamente poco o nada han hecho por la población en general. Por supuesto, que así es justo que sean suspicaces y crean que se trata de una jugada más en beneficio de ellos mismos.

El gobierno de empresarios tiene que aprender a ser más político y a escuchar a la gente, aunque les cueste y muy dentro de sí crean que no vale la pena gastar el tiempo en diálogos. Ya se sabe que subestiman a la población aun y cuando los pobres estén siempre en la punta de su lengua, como un simple recurso oratorio. Tienen que aprender que el poder reside también en ellos y a éstos se deben.

Fuente: www.lahora.com.gt


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