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El Papa controversial
Por Eduardo Blandón - Guatemala, 6 de abril de 2005

En estos días la mayor parte de periodistas del mundo escriben sobre el Papa. Se dedican a lanzar loas al Pontífice y ya lo están canonizando antes de tiempo, incluso se le está comenzando a calificar como Juan Pablo Segundo "El Grande". Pero no se vaya a equivocar, algunos con el pasar de los días se están animando a hacer una crítica más equilibrada y también hasta radical.

El día de ayer, por ejemplo, leí un artículo escrito por el teólogo español Juan José Tamayo-Acosta titulado Juan Pablo II y el Opus Dei donde critica, como le fascina hacer, la línea conservadora del Papa y los esfuerzos seductores de la institución fundada por Escrivá de Balaguer al que fue sometido Su Santidad desde que era un humilde obispo en Cracovia. También Le Monde publica hoy un artículo de Leonardo Boff y Hans Küng titulados respectivamente "Juan Pablo II, el Papa y restaurador" y "Retornar al Vaticano II" donde los dos teólogos silenciados por la Iglesia expresan su opinión sobre la "grandeza" de este Papa.

Creo que llevará tiempo leer todo lo que se escriba del Pontífice, pero sin duda desde ya se va cayendo en repeticiones que abruman y cansan. Por un lado están quienes tienen una opinión generosa del Vicario de Cristo, quizá aquí me incluyo yo, que piensan que don Wojtyla fue un personaje "non plus ultra", único en su género y extraordinario. Con errores, sí, pero pocos y nimios en comparación a su gran obra. Por otra parte, están quienes piensan que el guía de la Iglesia no fue sino un pobre diablo conservador, medio oscurantista y un tirano que acallaba las voces que no quería escuchar. Tuvo aciertos, claro, pero fueron pocos en realidad. La Iglesia con él iba rumbo a la ruina.

Creo que debe buscarse un justo medio entre tanta fanaticada. Como se dice en son de bromas, las opiniones deben ser "ni tanto que queme al santo ni poco que no lo alumbre". Ni las alabanzas al por mayor provenientes del ala conservadora de la Iglesia (imagino el duelo del Opus Dei) ni la crítica grosera, infundada y sobre todo amargada de algunos cristianos ofendidos (como Küng y Boff).

Todas las voces, sin embargo, deben escucharse. Éstas tienen la virtud de ayudarnos a formar una idea justa del personaje del que tanto se habla. Yo quisiera escuchar, por ejemplo, o leer el sentimiento de Ernesto Cardenal respecto al deceso del Pastor de la Iglesia. Como se recordará, el poeta nicaragüense fue regañado (no sé si es el término justo) por el Papa a su llegada a aquel país centroamericano cuando éste recién asumía como Ministro de Cultura. Fue en aquel lejano 1983 cuando la revolución era joven, pero ya se le veía las plumas a Daniel Ortega y compañía limitada.

La llamada de atención fue medio humillante. Cardenal hace una genuflexión humilde para saludarlo, le toma la mano para darle un beso y éste (en pleno Aeropuerto Augusto César Sandino) le quita la mano y con el dedo índice lo amonesta. Recuerda que tienes cosas pendientes con la Iglesia, esto es lo que se murmuró o sotto voce se decía en aquel entonces que le había dicho Su Santidad. Esa escena quedaría grabada en la memoria de todos los nicaragüenses, era un signo de apoyo a Monseñor Obando y Bravo y un anticipo de que las cosas se pondrían serias con su visita.

¿Cuál será la reflexión que saldrá de la pluma del poeta nicaragüense, ahora que ese Papa está muerto? No lo sabemos, pero estaremos pendientes para leerlo. Ojalá sea justa y ecuánime.

Fuente: www.lahora.com.gt


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