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La nueva izquierda latinoamericana
Por Eduardo Blandón - Guatemala, 2 de mayo de 2005

Un optimismo esperanzador se ha extendido entre algunos analistas políticos en Latinoamérica. Este júbilo consiste en ver cómo los pueblos de este rincón del mundo se convierten a la izquierda y dejan atrás no sólo los antiguos regímenes dictatoriales, sino también el neoliberalismo salvaje considerado peor que todas las plagas de Egipto.

Los estudiosos han visto la estrella desde 1999 cuando Venezuela, Chile, Brasil, Argentina y Uruguay han elegido candidatos salidos de la izquierda. Así a los presidentes Carlos Meza de Bolivia, Alfredo Palacios de Ecuador, M. Kirchner de Argentina, Tabaré Vázquez de Uruguay, Hugo Chávez de Venezuela y Luiz Inacio Lula da Silva de Brasil, parecen unirlos un programa diferente a la de la derecha fundamentalista cuyos gobiernos han devastado la región.

Semejante optimismo, sin embargo, hacia la izquierdización de América Latina no es, a mi manera de ver, un proceso sostenido y una conversión sólida con propósitos de enmienda. Es cierto que hay un agotamiento hacia un sistema que no ha sabido (ni sabe) responder a las necesidades de la población. Una derecha con gobiernos de empresarios que no sabe sino velar por sus propios intereses. Pero eso no significa que a la población le haya nacido la conciencia y que súbitamente esté optando por un nuevo modelo.

Quiero decir que es evidente que se ha dado un cambio de un lado a otro, pero que éste es coyuntural. No es producto de un convencimiento ideológico que prefiera más un sistema que otro. Tanto es así que no es raro que después de todos estos gobiernos con rostros de izquierda se vuelva de nuevo (como péndulo) a las mismas andadas. Esto se debe, me parece, no sólo a la escasa educación de los votantes que no tiene ninguna formación política, sino también a la pobre y poco convincente propuesta de la izquierda cuya capacidad de evolución es casi nula.

La izquierda no termina de simpatizar a las masas y si se vota a favor de ellas es porque la derecha es mucho peor. Ya se ha dicho hasta la saciedad que la izquierda ha agotado su discurso y no logra superar sus rostros de Che Guevara ni sus consignas antiguas de "Patria libre o morir". Pero además, el daño que causó en los países que se autodefinían como de izquierda fue pavoroso, los logros fueron magros y los costos enormes. Así, hay países en donde por más que se diga que la izquierda es vigorosa, no hay forma que lleguen al poder. El Salvador y Nicaragua es el prototipo de esos países con población nerviosa y asustada que ha tenido que votar por gobiernos de derecha (y cuánto mal han hecho).

Estando así las cosas, no es de extrañar que se cifren las esperanzas en Lula da Silva y Hugo Chávez a efecto de que logren demostrar que se puede hacer un gobierno distinto, más humano y solidario que el que proponen los caníbales neoliberales, con los resultados que todos conocen.

Así, pues, hay transición en América Latina, pero no conversión. Los pueblos van de un modelo a otro probando, viendo cuál les resulta mejor y menos malo. Los presidentes de aquellos países y los próximos en asumir tienen la responsabilidad de hacer creíble un sistema diferente en el que si no es perfecto, al menos le devuelva la dignidad a la gente.

Fuente: www.lahora.com.gt


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