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Con el TLC nada será igual
Por Eduardo Blandón - Guatemala, 1 de agosto de 2005

Uno se pregunta cómo se podrá seguir viviendo en Guatemala cuando los agoreros pronostican un futuro nada halagüeño para el país. Con la entrada del Tratado de Libre Comercio (TLC), dicen, los problemas del país crecerán y, fundamentalmente, las clases menos favorecidas son las que van a sentirlo más. ¿Aún más? ¿Es posible más?

Así dicen los economistas y esta semana parece que el Congreso de la República se tomará muy a pecho esas profecías e intentarán crear políticas "salvavidas" que ayuden a soportar las inclemencias del tiempo del así llamado TLC. Las noticias son nefastas porque si con la situación actual la gente se muere de hambre y muchos otros apenas sobreviven, imagínese usted cómo se puede avizorar el futuro.

Si los pronósticos son correctos, Guatemala parece que se ha suicidado con la firma del famoso tratado. Los políticos han cavado su tumba y no nos queda sino asistir al funeral o aceptar que uno mismo será pronto un cadáver al cual tendrán que velar. Estamos fritos.

Así las cosas, las causas de muerte de los guatemaltecos son fácilmente predecibles: de hambre, asesinado en una esquina, por falta de asistencia médica, de depresión por no encontrar empleo o en una cárcel al no poder pagar las deudas. Cada vez nos acercamos más a Haití y por lo visto acompañaremos a Nigeria en su desafortunada situación.

Aquí no quedará otra que continuar emigrando hacia los Estados Unidos para ver qué se les puede sacar a los gringos. Irse ilusionado para intentar realizar el sueño de al menos poder comer tres veces al día y mandar a los hijos al colegio. Con el riesgo de agarrar premio de terminación por una bomba mal puesta de los seguidores de Osama Bin Laden o Al Qaeda.

Queda, sin embargo, una mínima esperanza: que los pronósticos fracasen. Que las ideas de algunos "neoliberales" fanáticos del "Libre Mercado" acierten (finalmente) y que Guatemala despegue derechito hacia el desarrollo. La esperanza de que los empleos vengan al por mayor, los sueldos sean dignos y que los precios de los productos básicos (los alimentos) bajen. Ese sería un escenario fabuloso, paradisíaco y digno de un final feliz. Qué lindo sería Guatemala si ya no hubieran pobres y todo mundo viviera empeñado en trabajar ocho horas. Sería bello.

Para ese entonces ya no habría necesidad de tantos policías en las calles y todo mundo podría descansar tranquilamente el fin de semana, dedicarle tiempo a los hijos, ir al templo, salir a almorzar a un restaurante o ir a conocer las bellezas que hay en el interior del país. Nadie se preocuparía por irse a los Estados Unidos (¿a qué?) si aquí se vive bien. Se pagarían muchos impuestos y el país se volvería rico. Ayudaría a las naciones pobres enviando alimentos, dinero y voluntarios. Eso sería extraordinario.

Después de la entrada en vigencia del TLC nada será igual para el país. Veremos si podemos contar la historia.

Fuente: www.lahora.com.gt


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