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Walter Montenegro: Introducción a las doctrinas Político-Económicas
Por Eduardo Blandón - Guatemala, 6 de agosto de 2005

La sociabilidad del hombre es al mismo tiempo su salvación y su perdición. Si como dice la antropología filosófica somos seres para los otros y estamos condenados a la felicidad sólo frente al otro, es también cierto que el otro, como lo dijo una vez Hobbes, también es un maldito lobo que cuando puede se aprovecha de nosotros.

Mal con el otro, peor sin el otro. Somos inevitablemente, según Aristóteles, “animales políticos” cuya perfección sólo la alcanzamos en sociedad. Ese es el sentido del Estado en Aristóteles, me parece, una organización con una autoridad preocupada para que sus ciudadanos sean felices. Porque este es el fin último de la vida, la aspiración máxima del ser humano: la felicidad.

Lamentablemente, ésta es mediada por la convivencia con los otros y particularmente por quienes ejercen la autoridad (siguiendo la lógica aristotélica). O sea, que depende de la unidad de la sociedad, del arte de la convivencia y de la sabiduría de los gobernantes. Esta es la razón por la que “el estagirita” sugería que quienes debían gobernar fueran los filósofos porque éstos no sólo eran los más capacitados para hacerlo (los más sabios), sino también los más virtuosos.

La actualización de las potencialidades del ser humano (que esto es la felicidad según “el filósofo”) sólo se consigue en una ciudad gobernada no por tiranos ni demagogos sino por un gobernante sabio y sin vicios. El Estado debe proporcionar las condiciones a los ciudadanos para que estos puedan realizarse con plenitud.

Pero, ¿Y si son malos los gobernantes? ¿Y si el sistema sólo se construye para beneficio de unos pocos en perjuicio de la mayoría? Esa es parte de la maldición de vivir en sociedad según anuncié desde el principio. Este puede ser y ha sido el mayor de los calvarios de la vida en una comunidad política.

Los pensadores desde Platón (al menos en el pensamiento occidental) pasando por Aristóteles, Zenón, Campanella, Bruno, Bacon, Maquiavelo, Locke, Hobbes, Rousseau, Montesquieu, hasta el último que se le ocurra -Bobbio, por ejemplo, o Habbermas-, se han devanado los sesos intentando proponer ideas para explicar el fenómeno político, la finalidad de los Estados y los mecanismos para alcanzar esos sueños. Así, “La República”, “De Civitati Solis”, “La Nueva Atlántida” y “Utopía” son sólo una muestra del esfuerzo de algunos filósofos para tratar de proponer un Estado ideal justo y beneficioso para todos.

Como se ve, los hombres han intentado de todo para idear un mundo perfecto. Desde Estados centralizadores y con mucha capacidad para intervenir en la vida individual de las personas hasta la filosofía política más libre que aboga por la desaparición del Estado.

En esta línea va la presente obra de Walter Montenegro. Lo que expone a los lectores son las principales doctrinas políticas vigentes en los últimos tiempos. El valor del libro es interesante porque explica los fundamentos de dichas doctrinas y las formas cómo se han llevado a la práctica: sus traiciones, exageraciones y omisiones.

Es cierto que Montenegro no profundiza como si se tratara de hacer de cada doctrina una exposición rigurosa (recuérdese que es sólo una introducción), pero tampoco la obra peca de superficialidad o de falta de información. En general, dado que es profesor y la obra esta basada en un curso sobre doctrinas políticas, se cuida de dar una panorámica completa y fácilmente compresible de lo que representa cada filosofía.


Las doctrinas político-económicas que presenta son: el liberalismo, la democracia, el socialismo utópico, el socialismo cristiano, la democracia cristiana, el cooperativismo, el marxismo, el comunismo, el socialismo reformista, el anarquismo, el fascismo y el nazismo. Todo un itinerario de las principales ideas políticas de los últimos tiempos.

Para quien este tipo de información es escasa, el libro es valiosísimo porque puede infundir ideas regularmente claras de cada uno de estos sistemas y establecer una base para futuras lecturas. Para los lectores más avezados sólo puede ser un libro didáctico, de consulta rápida, para proponer a los estudiantes o simplemente para contar con una exposición breve de ideas.

Debe decirse que la obra apareció por primera vez en 1973 y reeditada nuevamente en 1980. Esto explica por qué no hay noticias recientes sobre problemáticas actuales. Suena divertido cuando el autor explicando el comunismo expone las ideas de los últimos presidentes rusos como Nikita Jruschov y Leonid Brezhnev sin llegar a Gorbachov. Igualmente, es bastante anacrónico leer que la URSS es una unión federal de 16 repúblicas autónomas, 5 regiones autónomas y 10 “comarcas nacionales”.

En otro lugar dice: “en momentos de enviar este material a la editorial llega a su término el experimento marxista del presidente Salvador Allende en Chile, al que pone fin un golpe militar después de meses de agonía en medio de agudos problemas económicos y enconada tensión política”.

Sin embargo, esos detalles respecto al anacronismo no desdice de la obra porque, repito, la riqueza está en la explicación del fundamento de las ideas político-económicas y algunas formas prácticas de cómo se ejecutaron éstas.

El libro muestra, entonces, la historia de las pasiones del ser humano no sólo por conquistar el poder, sino por tratar de ponerlo al servicio de los más desfavorecidos. En medio de tantas buenas intenciones, muchos experimentos resultaron un solemne fracaso (véase Stalin, Mao o Castro) que muchos han pagado con su propia vida. Las ideas nunca son inocuas, tienen consecuencias y estas se hacen presente tarde o temprano.

Por eso digo que la vida social es la salvación del ser humano, pero también su maldición. No queda sino aceptar esta condición imperfecta de vivir.

Fuente: www.lahora.com.gt


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