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La fórmula contra la pobreza
Por Eduardo Blandón - Guatemala, 25 de octubre de 2005

De repente tengan razón los economistas: la única forma de salir del subdesarrollo es a través del pago de los impuestos. No es posible que los asaltos terminen, ni la delincuencia, ni los niños que piden en los semáforos y que no van a la escuela, ni que haya un sistema de salud que atienda a todos, sino a través de un financiamiento que se deriva del pago de impuestos. Si no, ¿cómo?

Debemos de financiar nuestra tranquilidad, tenemos que estar dispuestos a costear el precio de un país mínimamente desarrollado si es que no queremos, de verdad, seguir a como estamos. Porque, debemos ser honestos, el país a como está no va para ninguna parte, o más bien vamos, pero para peor.

El país no camina porque no hay combustible para echarlo andar. El combustible que necesitan los Estados se llama dinero. Sin éste estamos fritos, sucede exactamente igual cuando en la familia escasean los ingresos, no se puede hacer mayor cosa. De balde están nuestras aspiraciones, los buenos planes, los ideales, si no hay pisto para realizarlos.

Fíjese bien en nuestra lamentable situación (en la del Estado). No tiene fondos para atender la emergencia, los hospitales no se dan abasto, faltan escuelas y profesores, no hay un sistema de buses dignos, las carreteras están malas, no se puede salir en la noche porque seguramente (infaliblemente) algo le puede suceder -asalto, secuestro, violación-, los niños se mueren de hambre, las mujeres se prostituyen y hasta los presos se escapan de las cárceles. Esto es el acabose. Tal situación es como la que sucede en los hogares: no hay pisto ni para un buen desayuno de huevos con frijoles y tortillas.

¿Por qué sucede esto? Aunque se arguyan miles de razones la única verdad es que se necesita dinero para financiar "un mundo feliz". Sin dinero no se puede hacer nada. A menos que todos hagamos votos de pobreza y nos decidamos imitar a San Francisco de Asís, pero los votos son una decisión personal y no impuesta por la situación de calamidad nacional. Los votos ya lo vive todo el país, pero obligatoriamente, sin haberlo decidido cada uno.

Pero claro, queremos un mundo mejor, pero no estamos dispuesto a pagarlo. Eso es como el padre de familia perezoso que desea buenas cosas pero que no quiere trabajar para realizar sus sueños. Es contradictorio. Si queremos un país diferente debemos estar con ánimo de construirlo con esfuerzo y sacrificio. No siendo egoístas sino generosos. Sabiendo que cada quetzal invertido será retribuido con creces. ¿Se robarán el dinero? Esa es la coartada más antigua para no pagar impuestos.

El comodón y quejumbroso generalmente es el que menos contribuye a construir el país. Se refugia en estrategias viejas para no hacer nada ni por sí mismo ni por los demás. Espera que el gobierno haga mucho, pero no aporta nada. Es un egoísta que al final paga su maldad. Basta un secuestro en la que le saquen millones para que pague el infinito mal que le hizo al país por no pagar lo que debía. Pero el amigo es tan bruto que no aprende la lección y continúa con su sempiterna avaricia. ¿Para qué esperar el secuestro si lo podía haber evitado con el pago puntual de impuestos? No habrían tantos malhechores si la solidaridad de todos no permitiera la exclusión.

Entonces, ¿no cree usted que algunos economistas tengan razón? Quizá la fórmula que por tanto tiempo ha estado a la vista de todos pero que no hemos querido ver sea simple: pagar los impuestos.

Fuente: www.lahora.com.gt - 241005


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