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Cachorros del imperio
Por Eduardo Blandón - Guatemala, 16 de noviembre de 2005

El presidente Vicente Fox y todos sus "cachorros" (los que hacen gobierno con él) dicen sentirse indignados con el gobierno de Venezuela, con Hugo Chávez, por haberlo maltratado públicamente, por haber proferido una mentira pública y por ser un altanero en el trato con el mandatario mexicano. Y la verdad es que en parte tiene razón, el Presidente de la República Bolivariana lo ha puesto en ridículo público, lo ha abochornado y quizá incluso hasta humillado. Esas son cosas que no se dicen delante de todos, que aunque se sepan hay que manejar con diplomacia y quizá hasta disimularlo muy bien, pero está visto que Chávez carece de diplomacia.

Que Fox sea un "cachorrito" del imperio (se debió haber dicho en diminutivo para que más le doliera) no lo duda casi nadie; que constantemente se baje los pantalones ante la administración Bush es un secreto a voces. Pero, además, no es ni siquiera novedoso. La actitud de servil, como cualquier actitud, no nace de la noche a la mañana, se cultiva por días, meses, años. Es una segunda naturaleza que nace de la práctica, de su ejercicio cotidiano. Estos serviles de los Estados Unidos están acostumbrados a rendirse al imperio desde que son niños de pecho, nacen soñando con ir a Disney, abrazar a Pluto, tomarse fotos con Mickey y hasta con ser ciudadanos americanos. Entonces, ¿qué noticia hay que un ex burócrata de una compañía norteamericana baje la cabeza ante los que se siente orgulloso de que sean sus jefes? Ninguna.

El problema que tiene el Presidente mexicano (pobres los pueblos con sus gobernantes) es que alguien se atrevió a decirle públicamente lo que él quizá ignoraba. Seguramente ninguno de sus "cachorritos" se había atrevido a decirle antes semejantes cosas. "Cachorro del imperio" qué locura, qué infamia, qué mentira. Es posible que Fox tenga un concepto elevado de sí mismo y que ni en sueño piense que sea un siervo de Bush. Con toda seguridad él cree que ante Bush es independiente y tiene el mismo nivel para discutir y negociar para sacar provecho del diálogo. Por esta razón, porque está engañado, se siente mal ante lo que dijo el imbécil de Chávez, el izquierdoso, el transnochado de Venezuela.

Pero es interesante la hipocresía de Fox porque apenas días antes en una entrevista transmitida por CNN se había referido a Chávez de manera despectiva. Claro, no le dijo "cachorro de Castro", pero insinuó cosas, dijo indirectas, ironizó, como lo hace un "diplomático" de altura, es decir, como lo hace un cobarde que teme meterse en problemas y no dice las cosas en la cara. Eso sí, con Maradona fue más directo, dijo que tenía buenos pies, pero cero cerebro (mutatis mutandi), igualmente se refirió mal de los que protestaban en la cumbre, dijo que eran grupos de gente desubicadas, grupos que no entendían por donde iba el mundo.

Digámoslo con claridad y no confundamos las cosas, Chávez no está en contra de los mexicanos sino en oposición a la actitud rastrera de su presidente. Esto lo comprende bien cualquiera con un mínimo de sensatez e incluso los políticos mexicanos que le piden a Fox que no siga humillando al pueblo con esa actitud que aprendió en su casa, en párvulo o en la Coca Cola. Que tenga dignidad y que en todo caso sólo en lo privado haga cachorradas ante Bush, le mueva la cola, le traiga el periódico y le llene de salivas sus zapatos.

Pero Fox también debe sentirse tranquilo porque en todo caso no está solo (mal de muchos, consuelo de tontos): la mayor parte de presidentes de Latinoamérica son cachorros del imperio. La cosa empieza en México y sigue al sur... (con sus excepciones, claro está).

Fuente: www.lahora.com.gt


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