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Una visión de la coyuntura electoral después de la primera vuelta
Por Efrén Emigdio Sandoval Sanabria* - Guatemala, 25 de septiembre de 2007

El proceso electoral guatemalteco, se desarrolló en medio de una crisis económica social provocada por el recrudecimiento de las condiciones laborales en Guatemala, la entrada en vigencia del CAFTA, los procesos preparatorios para la privatización de los servicios públicos y de las empresas rentables que aún posee el Estado a lo que se suma la escalada de la violencia como indicador del descontento social existente en el país.

A la ofensiva de la oligarquía tradicional por reponerse tanto económica como políticamente del desgaste que les causó el gobierno de Alfonso Portillo Cabrera, se suma una lucha por los poderes paralelos persistentes en el Estado por afianzar sus posiciones y por infiltrar los poderes del Estado.

En los tres últimos procesos electorales, los puntos fuertes de las campañas, sin tocar ni proponer algo concreto, mucho menos soluciones reales a la situación que se vive en Guatemala, han conjugado los principales problemas de la sociedad guatemalteca como banderas de campaña.

En las elecciones donde fuere electo Alfonso Portillo Cabrera, el tema fue la seguridad y la respuesta, la pena de muerte, vale decir que los problemas de seguridad no fueron solucionados durante los cuatro años de su gobierno; en el proceso electoral en donde resultó electo Oscar Berger Perdomo, la propuesta predominante fue la reducción de la pobreza y la generación de empleo, promesas de campaña que tampoco fueron satisfechas por el actual gobierno, por el contrario, la retoma de las medidas programáticas sentadas por el Gobierno de Álvaro Arzú, han generado no solo el incremento de la pobreza sino que mas desempleo y sub empleo a través de la precarización de las condiciones de trabajo. En el actual proceso eleccionario, nuevamente la seguridad ha sido el tema abordado con más vehemencia, dejando el tema de la pobreza y el desempleo en un plano casi invisibilizado. En este marco, las dos propuestas políticas que irán a la segunda vuelta, apuestan una, por una política de mano dura (cuyas implicaciones prácticas no son reveladas ni conocidas por la población) y; la otra, por una apuesta a la esperanza, cuya ambigüedad tampoco permite vislumbrar solución alguna a los problemas del país.

En este proceso electoral también se ha puesto en práctica una de las lecciones importantes aprendidas desde diversos ángulos durante los gobiernos de Álvaro Arzú y de Alfonso Portillo Cabrera, esta lección no es otra que la del impacto del poder mediático; en tanto que durante del Gobierno de Alvaro Arzú, su afinidad con los medios de comunicación social le valieron para mantener una imagen que no se correspondía con los problemas sociales que estaban generando sus políticas económicas y sociales; durante el Gobierno de Alfonso Portillo, los medios de comunicación social, debido a la confrontación generada con la oligarquía tradicional por sus políticas sociales a través de las cuales la oligarquía emergente pretendía legitimarse socialmente, jugaron el mismo papel pero en sentido distinto, generar opinión contraria a su gobierno incluso entre los favorecidos por sus políticas sociales y económicas. En fin, la lección fue aprendida, los medios tienen la capacidad de posicionar entre la población una interpretación de la realidad incluso alejada de la misma.

Esta vez, este trabajo mediático comenzó temprano, como un mecanismo de dos vías; la primera, para evitar evidenciarse socialmente al no querer causar desgaste al actual gobierno con el cual son afines, usando como distractores sociales al propio Alfonso Portillo, a Ríos Montt y al FRG y, en este último tramo, la misma contienda electoral y; la segunda, la de invisibilizar toda propuesta susceptible de generar simpatía social y que pudiese poner en riesgo los intereses que defienden los grupos que controlan hegemónicamente estos medios de comunicación social.

En este espectro político, dominado por propuestas de derecha, los medios se empeñaron en crearle imagen a un número reducido de candidatos: Álvaro Colom, Otto Pérez Molina, Alejandro Giamatei, Eduardo Suger y a Rigoberta Menchú. Este esfuerzo, posicionó a Encuentro por Guatemala como una alternativa de izquierda, aún y cuando los antecedentes históricos recientes de sus candidatos, su propuesta y su discurso los ubicaban en una posición mas cercana a la derecha; el papel asignado a cada candidato fue perfectamente delineado y enfocado a una idea central, pudiendo resumirlos como: Esperanza, Firmeza, Moral, Inteligencia e inclusión, creando un full de póquer para inducir a la apuesta de la población; una apuesta en apariencia múltiple pero en realidad una sola. No obstante, debe señalarse, ese full no representa solución alguna a los problemas reales de la sociedad; sin embargo, al parecer, fue una apuesta ganadora, inducida a través de las encuestas o la cesión de espacios en los medios noticiosos que calaron en una población cultural, política e intelectualmente poco desarrollada.

Por su parte, la izquierda, es decir, las dos expresiones partidarias de la izquierda guatemalteca, URNG y ANN, carentes de financiamientos y de la simpatía de los medios, optaron por apuestas distintas; mientras URNG apostó hacia una apertura e inclusión política del movimiento social, ANN apostó por la alianza con algunos de los sectores que otrora le fuesen antagónicos; los resultados, ANN obtuvo un mayor caudal de recursos para campaña pero perdió apoyo de los simpatizantes de la izquierda mientras que URNG, convertida en URNG-MAIZ, obtuvo resultados más afortunados al lograr una mayor cantidad de votos sin haber contado con mucha inversión en campaña, lo cual dio lugar a la desaparición de ANN y a la continuidad de URNG.

Pese a ello, existe un hecho innegable, la izquierda mantuvo su caudal de votos pese a haberse enfrentado durante toda la campaña a una constante exclusión mediática y a la invisibilización social; sin embargo, al parecer, volvió a caer en el error de dividirse, no anticipar esta situación y no haber generado el trabajo social y organizativo necesario para contrarrestar la actitud e impacto de los medios. En el caso de URNG, aunque tuvo el acierto de abrir la estructura partidaria a la participación del movimiento social, la decisión fue tardía, sin el tiempo suficiente para obtener la participación coordinada de los dirigentes y sus bases sociales, no obstante, la idea no puede desecharse sino mantenerse y comenzar ese trabajo desde ahora si en lo que se piensa es en un proyecto político a largo plazo, debiendo recordar que la escasez de recursos económicos y de financiamiento para la campaña no permite enfrentar un proceso electoral desde una lógica coyunturalista; por el contrario, la coyuntura debe ser creada sobre la base de tres acciones básicas: La organización, la inclusión y la concientización; debe generarse pensamiento crítico, debe generarse crítica de fondo y conocimiento de la realidad social enfatizando en las causas y los efectos; si eso se logra, la ideología surgirá ya no como producto del desarrollo académico o intelectual sino sobre la base de la comprensión de la vivencia de la población.

Sin embargo, más allá del análisis anterior, la segunda ronda electoral nos deja una sola alternativa constituida por dos opciones políticas que, aunque no difieren fundamentalmente en sus objetivos, podrían diferir en la metodología aplicada para obtenerlos.

Por un lado, tenemos a la Unidad Nacional de la Esperanza, un partido que en la actual legislatura se ha caracterizado por posiciones poco estables y virajes repentinos entre el discurso y la práctica, que carece de una fisonomía identificable, mas cercana a un populismo moderado pero vinculada por su necesidad de subsistencia política y posicionamiento en el poder a sectores del poder económico, cuyo principal riesgo es no generar confianza ni en la población ni en los sectores económicos que la apoyan y que, debido a la inexistencia de una posición ideológica definida y fragilidad de la línea partidaria podría no encontrar el liderazgo suficiente para ejecutar su plan de gobierno; no obstante, estas debilidades, podrían abrir espacios de incidencia por parte de las organizaciones sociales aunque los mismos, por las causas antes señaladas podrían no rendir los resultados esperados y acelerar su proceso de desgaste con el ejercicio del gobierno.

Por otro lado, tenemos al Partido Patriota, un partido con una ideología definida en la derecha cuya bancada ha mantenido una posición de derecha en un perfil bajo pero que no cuenta con una fuerte bancada en el siguiente congreso, lo cual igualmente podría bloquear sus planes de gobierno pero, debido a su lógica militar, es una bancada más disciplinada y capaz de mantener la línea partidaria no sobre la base del liderazgo sino de la obediencia. Históricamente, sus principales figuras han mantenido una buena relación con la oligarquía tradicional, afinidad que podría materializarse en medidas antipopulares pero con un desgaste político menor debido a la afinidad con los medios de comunicación social. Su candidato presidencial, como oficial de inteligencia formado bajo los lineamientos del conflicto de baja intensidad, podría liderar un gobierno que podría abrir ciertos espacios de participación social siempre y cuando la incidencia de las organizaciones no ponga en riesgo los objetivos de su gobierno, en caso contrario, podría optar por recurrir a campañas de desprestigio contra la dirigencia social y aplicar la mano dura contra las manifestaciones sociales.

Pese a ello, debe indicarse, el Partido Patriota representa para el poder económico una opción más segura, más estable, con mayores posibilidades de ejecutar los cambios que requieren y que comenzaron a aplicar durante el gobierno de Alvaro Arzú; es por ello que en esta segunda vuelta electoral podríamos ser testigos del agotamiento económico de la UNE y, siendo que los denominados partidos políticos en Guatemala no dependen de la existencia de liderazgo sino de la existencia del poder mercadológico para crearlo, podríamos ver como las posiciones de la primera vuelta podrían invertirse salvo que la UNE lograra convencer y asumir más compromisos con los inversionistas de su campaña, bajo el argumento de contar con la mayor bancada en la legislatura siguiente y el mayor número de alcaldías.

En cualquiera de los dos casos, el plan de gobierno de ambas agrupaciones apunta hacia el mismo sitio, no difiere del plan ejecutado por el actual gobierno ni presenta una solución verdadera a los problemas que vive la población actualmente; siendo así, las opciones de las guatemaltecas y guatemaltecos se limitan a elegir el método de su ejecución.

En fin, la Guatemala que esperamos deberá esperar cuatro años más….

* Asesor Laboral, UNSITRAGUA

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