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De la tesis a la hipótesis
por Edgar Gutiérrez - 29 de abríl de 2004

No tengo el hábito de ver Libre Encuentro, el programa dominical de Dionisio Gutiérrez. Pero el lunes por la mañana recibí mensajes de amigos en tono alarmante. Cuando me enteré de que los comensales eran los autores de ¿Quién mató al Obispo (Gerardi)?, me pregunté qué habría de nuevo. Recibí una copia del vídeo y de todos modos lo vi.

Encontré una novedad. Los autores aflojaron algunas de las tesis que mantuvieron a pie juntillas en el libro. De la Grange corrigió al entrevistador: No son tesis las que escribimos, dijo, son “hipótesis”. Los Lima ya no resultan tan inocentes, pues el capitán Lima “estuvo en la escena del crimen”, reconocieron. (Consta en el expediente judicial que Rubén Chanax, agente de la G-2 que se hacía pasar por indigente para vigilar a Gerardi, declaró que Lima hijo filmaba mientras el propio Chanax y Obdulio Villanueva movían el cadáver de Monseñor.)

Otros temas que resultaban verdades incontestables en el libro, ahora se matizaban dejando abiertas otras rutas a los acontecimientos. Todo se hablaba en un tono más modesto, tan diferente al que le oí a De la Grange en la radio hace cuatro meses, cuando una estudiante de Derecho de la universidad Marroquín llamó a la estación y defendió el trabajo de educación en derechos humanos de la ODHA, que ella había recibido. El periodista francés descalificó inmediatamente a la joven: “Usted con seguridad es asalariada” de esa oficina, vociferó con soberbia.

La conclusión que sacaron en el programa es correcta: la verdad entera no se sabe. Sabemos que la historia ha sido la publicidad de los vencedores y está construida de medias verdades y medias mentiras. Hay varias piezas clave de información que los dos periodistas extranjeros desecharon porque daba al traste con su teoría de que los Lima nada tuvieron que ver y son víctimas de un complot. Claudia Méndez Arriaza, en un reportaje publicado el domingo por elPeriódico, nos muestra varias de esas piezas: el testimonio de Gilberto Gómez, quien “había visto salir a Villanueva de la prisión” y que en el debate acusó al abogado de Lima hijo de “visitarlo en la cárcel para proponerle que cambiara su testimonio”. La carta manuscrita de Lima hijo en la que imperativamente habla de la compra de testigos. La demostración de que Chanax, a quien los autores insisten en llamar “indigente” y lo descalifican porque “bajo juramento cambió cuatro veces su testimonio”, era en realidad un agente de inteligencia. Y como dice Méndez Arriaza: “El testigo declaró en cuatro ocasiones versiones distintas sobre la noche del 26 de abril, porque a medida que decía la verdad se involucraba más en los hechos”. El testimonio de Óscar Chex, otro agente de inteligencia, quien declaró al fiscal que “él era el encargado del espionaje telefónico a Gerardi”, a la vez que Chanax hacía la vigilancia visual.

Los viejos maestros del periodismo decían que el fundamento más sólido del periodista es su honestidad intelectual: admitir los hechos contradictorios, no involucrarse con los sujetos de la trama, ni sacar conclusiones colgadas de especulaciones, ni emitir juicios de valor. Quiere decir que la real “autopsia” periodística de este cruel asesinato está pendiente.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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