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Lecciones de Irak
por Edgar Gutiérrez - 21 de junio de 2004

Irak no es el mundo, pero lo ocurrido ahí en apenas 15 meses ha puesto a prueba fuerzas e intereses globales, principios de la guerra y otras creencias. El mundo que se moldea en el siglo XXI será marcado profundamente después de Irak.

El descuadre de EE.UU. en esta guerra nace del inexistente eslabón entre amenaza y respuesta. Ni fueron halladas armas de destrucción masiva en Irak ni existían lazos de Hussein con la red terrorista Al Qaeda.

Lo primero fue advertido por el equipo de inspectores de la ONU y quedó corroborado con la ocupación. Lo segundo es la conclusión oficial esta semana de una comisión bipartidaria que investiga los atentados del 11 de septiembre.

Es temprano para sacar lecciones definitivas de Irak. Pero una fundamental es el descrédito del principio de guerra preventiva. En adelante, todos dudarán si un país cuenta con información suficiente para justificar un ataque preventivo.

De ahí que Moisés Naim, direc tor de la revista Foreign Policy, sostenga que en EE.UU. ha disminuido el ánimo para hacer guerras de elección, por oposición a guerras de necesidad.

Quiere decir que la potencia tomará represalias, pero en casos de ataques. Le será más complicado ante su población y el Congreso lanzarse a otra empresa como la de Irak. Y eso implica, para quien ejerce el liderazgo mundial, estrechar sus opciones disponibles.

En lo que toca a nuestra región, eso incluye, en primer lugar, a Cuba. Pero, más allá, países como Libia, Irán o Corea del Norte estarán menos condicionados a hacer esto o lo otro. Anunciar que se desatará otro Irak ya no ejerce el mismo poder disuasorio. Así ocurrió en Vietnam y en las guerras coloniales del siglo XX tras los enredos de las ocupaciones.

Empero, las cosas han comenzado a cambiar, no sabemos en qué medida por la guerra. Pero Gaddafi ha renunciado a desarrollar su programa nuclear, y Washington está dispuesto a conversar. Kim Jong-il, presidente de Corea del Norte, habla con EE.UU. y la ONU. E Irán se ha sometido a un mayor control nuclear, aunque los reformistas han perdido fuerza.

El mundo trata de negociar con EE.UU., y el presidente Bush también ha cambiado su disposición de ir solo. En el Consejo de Seguridad de la ONU labró, hace dos semanas, un consenso sobre la transferencia de soberanía al Gobierno iraquí. La reunión, la semana pasada, del G-8 en Georgia sirvió también para comenzar a cerrar la brecha con Europa.

Philip Gordon, autor de Aliados en guerra: América, Europa y la crisis de Irak, cree que se han aprendido las lecciones. “Bush ha empezado a comprender que necesita aliados. En Europa han visto que el resultado de plantarse ante EE.UU. no es un Europa unida ni eficaz”.

¿Cómo saldrá EE.UU. de Irak? Muchos piden en público una retirada inmediata. Pero en privado dicen que “los americanos no pueden irse todavía”. Los gobiernos árabes y otros son ambivalentes. No quieren un éxito de Washington, pero tampoco un fracaso.

Según Shibley Telhami, experto sobre el Cercano Oriente, “los países cooperarán con EE.UU. hasta cierto punto, no demasiado, para evitar un desastre. Quieren que EE.UU. lo pase mal, que sufra la carga en solitario”.


Y la están pasando mal. Los atentados y sabotajes han convertido la ocupación en un infierno. El pillaje ni la delincuencia proliferan en Irak. Los cortes de electricidad, de hasta 12 horas por día, han provocado estragos en una población impaciente, que en esta época del año sufre temperaturas de 50º Celsius. Y comienza a comparar: “A menos de un año de la Guerra del Golfo, Saddam había restablecido las turbinas.” “El Ejército iraquí sería más eficaz para controlar la violencia”.

Además, los gastos son casi US$200 mil millones. El número de víctimas crece a diario: casi 800 muertos y 4 mil heridos estadounidenses; 11 mil civiles iraquíes muertos.

Expertos como Zbigniew Brzezinski, consejero de seguridad del presidente Carter, y Walter Laquear, director del Instituto de Estudios Estratégicos de Washington, son de la opinión que debe fijarse una fecha de retirada de EE.UU. de Irak.

“Abril de 2005, dos años después de la ocupación, podría ser apropiado”, sugiere Brzezinski. Pero la definición del plazo tiene por lo menos dos requisitos: el traspaso de la soberanía iraquí emanado de la ONU, no de EE.UU., y alivios en Palestina.

Para lo primero, debería modificarse la cadena de mando. No podría seguir en manos de Washington sino de un comisario de la ONU. Eso cambiaría la ocupación militar en una operación de paz bajo supervisión internacional.

Luego, el conflicto palestinoisraelí no puede quedar a la deriva. Tendrían que haber avances significativos paralelos hacia la paz, pues el riesgo es echar mayor combustible a esa región.

Hay indicaciones que EE.UU. no podrá cumplir su objetivo de instaurar una democracia iraquí “modelo” de la región. Irak, como lo define Laquear, “es una construcción artificial”. La población tiene fidelidad para con su comunidad religiosa y su pertenencia tribal. La adscripción nacional no está entre sus valores preferentes.

Lo máximo a que se puede aspirar, señala Brzezinski, es una “estructura federal basada en las raíces de la autoridad dentro de las tres grandes comunidades” (chiíta, sunita y kurda) que forman el Estado iraquí.

Las iniciativas del presidente Bush durante junio apuntan en la dirección de crear otras reglas del juego. ¿Llegarán a tiempo? ¿Serán tan profundas? Este fin de mes se abrirá un nuevo capítulo en Irak, justo cuando las elecciones en EE.UU. calientan motores.

 

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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