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La aplicación del dogma
por Edgar Gutiérrez - 1 de julio de 2004

Escribí el 3 de junio que Armando de la Torre, a pesar de ser un hombre culto y de cátedra profusa, es un dogmático de la doctrina de la seguridad nacional aplicada durante la Guerra Fría en el Hemisferio con el presunto fin de enfrentar la amenaza comunista (no hemos entrado a discutir por qué aquí se arrasó impunemente con la vida de decenas de miles de civiles que ignoraban a ciencia cierta qué es el comunismo). Él sigue hoy día traduciendo el mundo y a las personas como si el muro de Berlín permaneciera allí. Son sus fantasmas. En un foro en el que ambos fuimos expositores, su cierre, sin que viniera para nada al caso, fue: “Como Edgar cree en la economía planificada…”

Narré que su compromiso con la causa anticomunista (anacrónica ante las nuevas amenazas del mundo occidental) se funda en su propia historia de vida, como cubano expropiado y exiliado por la Revolución de 1959. Sostengo que agradece y admira a varias generaciones de militares guatemaltecos que derrotaron a las guerrillas izquierdistas (él no se pregunta qué reservas morales le ha costado ese triunfo a Guatemala, pero sí suscribe las versiones de ellos, recogidas “de oídas”). Y, por todo eso, afirmo que admite a pie juntillas como válida toda versión que descargue a los militares implicados en el caso Gerardi.

De la Torre escribió el 16 de junio en Siglo Veintiuno, que yo emito juicios sobre él sin haber asistido a sus clases, y reivindica “ciertos postulados”. Algunos, dice, están basados en principios cristianos (dignidad humana); otros en filosofía clásica occidental (libertad individual e igualdad ante la ley) y en el pensamiento neoliberal (forma de gobierno). Producto de su ideologización, su alegato sólo muestra el abismo entre postulados, más o menos aceptados en nuestra cultura, y su aplicación a situaciones concretas, como el del ominoso crimen contra Gerardi.

El 5 de mayo aseguró haber realizado una investigación para “averiguar quién mató al Obispo y por qué”. No explica su método, pero sus conclusiones son un calco del libro de la Rico & De la Grange. Tesis desabridas para lectores juiciosos, e inconsistentes para un investigador profesional. Se trata, dice, de un crimen común, politizado por la ODHA. Gerardi fue víctima de la banda Valle del Sol, agrupada “en torno a la hija putativa de una autoridad eclesiástica”. El autor material fue “casi seguramente” el colombiano Néstor Zapata. Hubo una confabulación contra Arzú y sus cúpulas.

En ella participaron desde la red Moreno hasta la ODHA, pasando por la comunidad internacional, e incluyendo a la “embajadora Bushnell (y) Minugua” para “allanar el acceso al poder” a Alfonso Portillo. Y asegura que los Lima son algo así como “presos políticos”. El 19 de mayo, empleando expresiones de los reporteros europeos, dice que los beneficiados del crimen contra Gerardi son “ciertos políticos enquistados en uno de los tantos poderes paralelos, camuflados de las ONG. Los más notables: activistas de la ODHA”.

Como ya me he referido a esos exactos argumentos de Rico & De la Grange, con los que ahora la “investigación” de De la Torre coincide enteramente, no los repetiré. Pero sí, en una nota próxima expondré hechos que los desmienten.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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