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Seregni - “ Intenté ser fiel a mí mismo, traté de decir lo que se piensa y hacer lo que se dice”
por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 11 de agosto de 2004

El general ® Líber Seregni, un uruguayo “reformista empecinado”, murió a los 88 años el pasado 31 de julio. Prisionero de la dictadura por más de diez años, fue clave en la restauración de la democracia en su país y del rompimiento del bipartidismo a través del izquierdista Frente Amplio (FA), fuerza política que promovió desde 1971 y que es favorita en las elecciones del 31 de octubre próximo.

El presidente Jorge Batle decretó que en sus funerales recibiese honores de Ministro de Estado, a pesar de que unas semanas antes la decisión de un general del Ejército de colocar la fotografía de Seregni en la galería de honor de un cuartel donde fue comandante, le hizo ganar un arresto y provocó airadas protestas de varios oficiales.

Seregni renunció al Ejército a fines de los 60, cuando arreció la represión contra los insurgentes Tupamaros, los sindicatos y estudiantes. En 1971 fue candidato presidencial del FA y obtuvo cerca del 20 por ciento de los votos, y 2 años después fue encarcelado bajo cargos de traición a la patria. Pudiendo exiliarse permaneció en prisión hasta 1984, en el último tramo de la agonía autoritaria.

Símbolo de la conciliación, defensor de la democracia y los derechos humanos, aun en una época en la que éstos no eran valores sociales muy apreciados, Seregni, tras ser denostado por sus propios colegas militares y camaradas políticos, y por los rivales de los partidos Colorado y Nacional, se convirtió en una figura unánimemente respetada.

El FA, que él contribuyó a soldar –una coalición de disidentes de los partidos tradicionales, marxistas, socialdemócratas y demócrata cristianos–, no tuvo precedentes en Latinoamérica. Varios trataron de replicarlo sin éxito. Pero en el último tiempo Seregni fue un crítico sensato de esa izquierda. Desde su Centro de Estudios Estratégicos 1815, donde hacía análisis y ensayos de gobierno, procuró formar nuevas figuras capaces de ocupar de manera eficiente cargos públicos.

Vivió el tránsito de la dictadura a la democracia y de la Guerra Fría a la globalización. Era realista. En una conferencia que ofreció este año en la Universidad nacional, dijo: “Intenté ser fiel a mí mismo, traté de decir lo que se piensa y hacer lo que se dice. A veces pude hacerlo y otras veces no. Viví el dilema weberiano entre la ética de las convicciones y la ética de las responsabilidades. Cuando uno tiene un cargo, no es uno solo el que habla. Esto debe ser tenido muy en cuenta cuando juzgamos a gobernantes y líderes. Hasta que pude desprenderme de las ataduras de mis responsabilidades, pude hablar por mí.”

Su mensaje de fondo fue: “Hay que vencer el miedo. Ahora no es miedo a la dictadura sino a la inseguridad ciudadana, al presente y al futuro, a la marginalidad, al desempleo y a los cambios. Tenemos que sacar esos miedos porque no habrá un futuro venturoso para nuestra gente si así no lo hiciéramos”. Una exhortatoria que evidentemente no sólo los uruguayos deben escuchar.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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