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Crisis de élites
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 14 de noviembre de 2004

A la gente no le gustan los políticos. Los califican –no sin razón, pero también por desinformación– de ociosos, mentirosos y corruptos. Tampoco las oligarquías gozan de buena estima. Son percibidas como insensibles, prepotentes, insaciables. Los militares han quedado degradados; ya no despiertan miedo ni actitud sumisa.

Hay crisis de élites en Guatemala, a la vez que cada esfera pública se desfonda. A la política le ocurre desde hace rato. A la economía, ahora, de manera desvelada. El ámbito social está descarnándose. El mundo cultural y de valores entró al pozo de la desorientación.

La política vive un período cumbre de inhabilidad. Ya ni siquiera es blanco de furias y descargas emocionales; si acaso, de cierto humor blanco. No hay un personaje maligno a quién culpar. Se ha perdido, por inercia, la iniciativa de diseñar políticas públicas clave desde el Estado. Pareciera que la invisible mano del mercado opera y se mueve desde cualquier punto. Es la invasión de una sociedad civil sin noción de Estado, sólo de finca, empresa, cuartel u ONG. Su aprendizaje consumirá tiempo y será costoso.

Quién sabe si el remedio es peor que la enfermedad. En el pasado, los militares levantaban y acostaban al Presidente. Ahora son los agentes privados (aunque no lo estén de las viejas mañas). La inteligencia es cada vez menos estatal. El símbolo autoritario –el poder militar– se resquebraja, pero no se sustituyen eficazmente sus funciones de seguridad.

La economía se muestra impotente. Ésta era su ventana de oportunidad. No debería haber pretexto. Pero como entre gitanos no se leen las manos, el resultado es inversión de baja intensidad, menor riesgo y corta mira. Los que están más cerca, se pegan al Estado, buscando con cualquier pretexto protección, privilegios, explotando al máximo las vías de competencia extra-económica. Para ser un inversor “mitológico” hay que tener a la mano un buen abogado, un diligente juez o acorralado al magistrado. ¿Y la eficiencia microeconómica? Se resuelve en el camino.

Los mitológicos capitales criollos, al parecer, no salen del reflujo del parasitario retorno de capitales especulativos y, cuando meten el pie en el agua insufrible de la globalización, sólo restan a su acumulación interna. Mejor usar dinero ajeno para comprar dinero público para ganar intereses seguros para… seguir en lo mismo: anticipo de información, guiños de ojo del funcionario, concesiones, negocios de futuro, subsidios disfrazados. Fiscalmente, el reporte será cero ganancias, pues la figura de la sociedad anónima es una esponja que absorbe los gastos de supermercado, clínicas psiquiátricas o plásticas, automóviles, vacaciones y jet, servidumbre y guardaespaldas.

Todo indica que seguimos la ruta del descenso. En ella no queda santo parado. Es mejor que la caída sea rápida y que el shock lo abarque todo. No habrá otra manera de levantarse ni de descodificar mensajes para que las élites políticas, empresariales y sociales que deben asumir la dirección, despierten.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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