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Qué esperar del segundo mandato
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 18 de noviembre de 2004

Dicen las distintas encuestas que si los latinoamericanos hubieran sido invitados a votar el 2 de noviembre, el Presidente habría sido el demócrata John Kerry. Pero como George W. Bush fue el electo por los estadounidenses para un segundo período, la expectativa de la región es que las relaciones seguirán más o menos con la misma agenda e intensidad que en los últimos cuatro años.

Estados Unidos, incluso bajo Clinton, ha tenido una política más bien reactiva hacia la región. El caso de Haití es el más cercano. No hay razones de peso para creer que ese esquema se modificará. Latinoamérica apenas apareció en el debate electoral. Y no hay indicios de que el presidente Bush haya recibido el encargo de darle relevancia a esta zona en la política exterior, que de ahora en adelante dirigirá la consejera de Seguridad, Condoleezza Rice, quien por lo demás es especialista en Europa del Este. Irak seguirá encabezando el cuadro de prioridades.

Es cierto, los gobiernos latinoamericanos han venido clamando desde hace ratos por una mayor apertura de mercados y cambios en las leyes migratorias estadounidenses, pero hay pocas probabilidades de que eso ocurra. Si bien Washington ha tenido una política activa en comercio, y en esta administración se firmaron tratados con Chile, Centroamérica y República Dominicana, además de que se iniciaron pláticas con países de la comunidad andina, el proyecto de una zona continental de libre comercio previsto para enero de 2005, ha perdido ímpetu. De hecho se ha ido reemplazando con esas negociaciones bilaterales o subregionales.

Las discusiones sobre subsidios agrícolas y las disputas cada vez más ásperas en la Organización Mundial del Comercio (donde Brasil está jugando un papel muy activo) no allanan el camino. En cambio China Continental sí está haciendo un guiño a los países sudamericanos con los que sí tiene intereses estratégicos, como abastecimiento de petróleo (Venezuela), hierro (Brasil) y alimentos (Argentina) o posiciones geográficas privilegiadas para el comercio (Panamá), que coinciden, además, con gobiernos de izquierda.

Ésta es una variante significativa en las relaciones entre Estados Unidos y Latinoamérica, pues Sudamérica está girando políticamente hacia la izquierda y en esa zona se palpa un sentimiento antiestadounidense. No hay puntos de coincidencia en las prioridades de política, pues la lucha antiterrorista no parece serlo para Latinoamérica. Y dado a que los puntos focales de Washington seguirán siendo el Plan Colombia y el cerco a Cuba, es de anticiparse cierta rispidez en el diálogo interamericano.

Si no hay una política alternativa promovida por los gobiernos latinoamericanos y la red latina en Estados Unidos, los asuntos seguirán siendo manejados en gran medida por los funcionarios del Departamento de Estado, pero ellos mismos no tendrán muchos apoyos en los centros decisorios, la Casa Blanca y el Capitolio. Un descuido de las relaciones no es buen consejo para la estabilidad política ni el crecimiento económico de la región.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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