Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 1 - 2004

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Nace una comunidad
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 16 de diciembre de 2004

La Unión Sudamericana aspira a tener un pasaporte común.

Este 9 de diciembre se firmó en Cusco, Perú, el Acta Fundacional de la Unión Sudamericana de Naciones, que integra a diez países (aunque Guayana y Surinam no han querido quedar fuera). Después de la firma del TLC entre el Mercosur y la Comunidad Andina de Naciones, en octubre pasado, éste es el paso más audaz de los sureños en el proyecto de integración.

La Unión Sudamericana aspira a tener, en un plazo de 15 años, una moneda única, un pasaporte común y cero aranceles. Es un proyecto ambicioso, pero inevitable en un mundo que negocia y se diseña por bloques y entre grandes naciones. Los experimentos de integración bien llevados coadyuvan a la cohesión social. Fomentan economías de escala, especialización productiva, inyecciones tecnológicas y aumento general del consumo.

En este caso, es una comunidad de 360 millones de personas y un PIB de US$973 mil 613 millones, similar al de EE.UU. Cuenta con una base de los acuerdos comerciales, tras seis años de negociaciones, por lo que el nuevo pacto tiene, sobre todo, un carácter de unidad política, bajo el liderazgo de Brasil. Y prioriza componentes estratégicos e instrumentales.

En la agenda estratégica están los problemas comunes acuciantes: pobreza, exclusión, inseguridad, desempleo y desindustrialización; la defensa de posiciones de bloque en la OMC, ONU, ALCA, y en negociaciones con la UE, China, India y Rusia. La agenda sectorial incluye la integración física a través de grandes obras de infraestructura (inversiones por unos US$ 17 mil millones, con financiamientos del BID, fondos regionales estatales y privados), energética, financiera, cultural e institucional.

Los obstáculos, claro, no son despreciables. Persisten litigios territoriales, asimetrías productivas y disputas comerciales y jurídicas entre los socios. Por eso resultará clave para la nueva empresa cristalizar la zona de libre comercio, incorporando normas comunes en las legislaciones nacionales.

Al hablar de integración, volvemos siempre la mirada hacia la UE. Guardando distancias históricas y de desarrollo, hay cuando menos dos lecciones que aprender de esa experiencia. Los europeos pudieron construir su unidad con renuncias parciales de soberanía. Así diluyeron las hipótesis de conflictos entre sus integrantes. Por otro lado, fue una construcción lenta, basada en pequeños acuerdos, afianzamiento de identidades culturales y un modelo económico y social común, que básicamente giró tras el objetivo de rescatar el estado de bienestar.

Los experimentos de integración en Latinoamérica, poco exitosos, han tenido una modalidad de acuerdos intergubernamentales. O sea, las partes retienen la plenitud de las decisiones y cada acción conjunta obliga a una negociación particular. Así, el interés comunitario sigue subordinado al del país. Ojalá los sudamericanos superen esa impronta y nosotros en Centroamérica, decidamos, de una vez por todas, emprender nuestro propio camino comunitario.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.