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Los ciclos políticos
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 23 de diciembre de 2004

La periodización que propongo no necesariamente implica rupturas, sino cambios básicos.

Por alguna razón, desde que Guatemala entró realmente al siglo XX con la instauración del salario en el campo, el régimen de seguridad social y un sistema más o menos moderno de función pública, o sea, desde 1945, los ciclos políticos tienen una duración de apenas, en promedio, una década.

Al régimen instaurado en 1945 le sucedió la batida de la CIA contra Arbenz, que cayó en 1954, y aunque buena parte de las reformas económicas y sociales siguieron vigentes, las libertades civiles se constriñeron severamente. En 1963 ocurrió el golpe de los coroneles contra Ydígoras, que trajo un nuevo acomodo de fuerzas conservadoras y que incluyó la creciente militarización del Estado. En 1974 le robaron el triunfo al frente de oposición que postulaba a Ríos Montt, y el período queda secuestrado por una cadena de administraciones militares que se relevan escamoteando el voto popular; en su creciente soledad gobiernan con el lenguaje del terror. En 1982 es el golpe que derroca a Lucas García; llega Ríos Montt al Palacio, se despliegan los planes militares que diezman y someten a las poblaciones rurales, y se induce un reordenamiento del sistema político que llevaría a una Asamblea Constituyente, la promulgación de la Constitución Política y elecciones con alto grado de libertad. Con el golpe de Serrano, en 1993, se cierra tempranamente el ciclo de gobiernos de políticos y emergen con mayor nitidez grupos de presión empresarial con vocación de manejo de Estado. Con Ramiro de León fue como mejor gobernaron, pues Arzú terminó saliéndose de su control y con Portillo de plano encontraron el signo adverso. Con Berger, ese control tras bambalinas se ha restaurado, es más amplio y sofisticado, aunque no más eficaz y sólido.

Resumiendo, el ciclo 1945-54, es el de las reformas progresistas; 1954-63, la restauración conservadora; 1963-74, el ascenso del poder militar; 1974-82, los gobiernos militares fraudulentos; 1982-93, la gran ingeniería militar y política de estabilidad del poder. Si estos ciclos continúan estamos cerca de un nuevo acomodo fundamental con implicaciones institucionales. La periodización que propongo no necesariamente implica rupturas, sino cambios básicos en los signos del poder que están encaminados a abrir proyectos políticos de dominación de la sociedad.

Puede ser que en este último tramo el cambio de ciclo esté ocurriendo con la política y la función pública vueltas al redil de las elites del gran capital. El arrinconamiento de los partidos y el sometimiento de la clase política podrían ser la expresión aguda de un ciclo de posdemocracia. Pero hay un rasgo más característico y menos analizado: la salida, con más pena que gloria, con más juego mediático que institucional, del Ejército como árbitro del poder político. Es un cambio histórico que, para nuestra mala fortuna, no es signo de democratización ni seguridad, pues las funciones no son reemplazadas eficazmente por órganos civiles, ni siquiera por los aparatos privados de seguridad e inteligencia que ahora dominan al Estado. Los escenarios que se abren en este ciclo en marcha, los abordaré más adelante.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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