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Las concesiones, en la víspera
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 20 de marzo de 2005

En Guatemala transcurre el último tramo de un difícil parto. Es el nacimiento de un nuevo régimen de economía transnacional y gobierno local.

Los actores tradicionales -los que “pagan planillas”, como diría el presidente Berger-, y los que no están polarizados y, francamente, desorientados.

Los que deberían estar, sino en la calle, por lo menos golpeando la mesa son las oligarquías. Son quienes se exponen al riesgo, pues tienen qué perder (aunque eventualmente algunos también qué ganar). Lo más relevante para ellos es que les cruje el Estado patrimonialista.

En realidad, de los 12 millones de guatemaltecos es menos del 1 por ciento el que está en condiciones de entrar a la cancha del TLC con EEUU. Son quienes tienen capital, experiencia empresarial, redes de mercado, educación etcétera. Los pobres no tenían alternativa. Mantener el estatus quo es condenarlos a la desesperanza bajo un sistema que les expropia lo poco que producen.

Por eso, creo, las consignas del movimiento social global, para el caso de Guatemala, deben aplicarse después de varios tamices. Ésta no es una economía normal, como pueden ser Costa Rica y México. Claro que las organizaciones sociales tienen derecho al pataleo y deben movilizarse. Sus manifestaciones y deliberaciones son parte indispensable de la democracia, la cual no ocurre sólo el día de las elecciones ni transcurre exclusivamente por los partidos. Tampoco es cierto que la sociedad representada en los Consejos de Desarrollo, son “el” movimiento, aunque ciertamente forman parte de él. Lo pernicioso en nuestro caso es que los partidos no son interlocutores ni correas trasmisoras de las organizaciones sociales, y eso contribuye a la polarización.

Lo que no está claro de las organizaciones sociales son sus previsiones estratégicas. ¿Dónde localizan intersticios para apalancar políticas contra la desigualdad y la exclusión? ¿Dónde identifican a los aliados empresariales del desmonte del Estado patrimonialista o, por lo menos, en qué puntos de agenda coinciden? La liberalización de la banca, por ejemplo, es una oportunidad para luchar contra la desigualdad, y en ese plano puede levantarse una consigna de banca de desarrollo para el mundo rural y urbano marginal.

La postura estadounidense de eliminar las acciones al portador en la sociedades anónimas permitirá un ascenso inusitado de la carga tributaria (sin necesidad de aumentar impuestos) ¿Qué demandas de desarrollo empujarán las organizaciones sociales? Y lo más inmediato: la Ley de Concesiones. Es mejor contar con un marco regulador a que ocurran privatizaciones onerosas al estilo Guatel, EEGSA, Aviateca, Fegua. Los términos de esa ley deben orientarse, con equilibrio, hacia el desarrollo social. Y lo más sensible: el plazo de su vigencia. Si pasa ahora apresuradamente sin debate social ni político, podemos estar seguros que el pastel de los negocios se repartirá, antes del TLC, entre los de la foto, únicamente.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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