Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 2 - 2005

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Los grandes desacuerdos
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 24 de abril de 2005

Leyendo un ensayo de Héctor Aguilar Camín (autor de la Guerra de Galio, entre otras obras) sobre las potencialidades y limitaciones del desarrollo en México, se me ocurrió pensar, para Guatemala, en tres grandes definiciones que no hemos hecho, y que penosamente nos mantienen a la deriva, acumulando rezagos y desperdiciando energía.

Qué hace un Estado cuando, no unos cuantos, sino una abrumadora cantidad de sus habitantes viola las leyes: escamotean los impuestos, ingresan mercadería de contrabando, salen del territorio ilegalmente, irrespetan las normas laborales, se hacen de propiedades con chanchullos o las invaden. Es el primer gran desacuerdo de los guatemaltecos consigo mismos: si las leyes han de cumplirse, o nada más son los otros quienes deben respetarlas, o si los otros las incumplen hago lo mismo para no quedar en desventaja o fuera de juego.

Un segundo gran desacuerdo es sobre el tipo de economía. La Constitución dibuja un régimen económico de libre mercado, pero con importantes responsabilidades para el Estado, como corresponde a una sociedad en la cual más de la mitad de sus integrantes están fuera del mercado.

Pero ese pacto político llamado Constitución no vale. Muchos exigen que el Estado cumpla sus responsabilidades sociales, pero muchos más son los que le niegan los ingresos fiscales necesarios. Otros no quieren Estado para nada, pues sólo causa molestias, pone obstáculos y corrompe. Que cada quien libremente salga por su cuenta, dicen. Entre ese grupo, hay quienes reniegan del Estado, pero les encanta hacer negocios con él, vía tráfico de influencias, dado el volumen de los recursos, y, generalmente, los bajos riesgos y exigencias. De otra manera no se explican las encendidas pasiones de las campañas electorales dominadas ahora por políticos no profesionales, los celos por los contratos y la diligente compra de deuda pública. Así, la apertura de mercados y las privatizaciones no son sinónimo de economía de mercado.

Un tercer gran desacuerdo es qué hace Guatemala frente a la globalización. La mayoría no sabe a ciencia cierta qué significa eso. Miles marchan en las calles protestando porque los campesinos y pequeños empresarios saldrán lastimados. Pero millones de espaldas mojadas caminan hacia el Norte y en las peores condiciones participan de la globalización y generan riqueza. Los empresarios están de acuerdo con el TLC, pero la mayoría no se ha preparado para aprovecharlo. La mayoría de gobiernos y políticos votan por la apertura comercial sin mayor análisis, porque es ahora la “política correcta” y no quieren ser mal vistos.

Consecuencias de esos desacuerdos son sumas de incoherencias, malos desempeños económicos y sociales, y acumulación de enormes costos de oportunidad. El debate entre las élites es tan ideologizado, poco comprensivo y superficial, que apela a los sentimientos antes que a la razón, enclaustrándose en el prejuicio. Y las decisiones de los dirigentes resultan tan improvisadas como inconsistentes. La democracia sólo nos sirve para hacer más transparentes -dramáticos o banales- los desacuerdos, pero las herramientas que ese régimen político ofrece para tratar a fondo las diferencias, las estamos desperdiciando.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.