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Los migrantes y la fábrica de dólares
Por Edgar Gutiérrez - Guatemala, 9 de junio de 2005

Las remesas no pueden sustituir el rol del Estado

Muchos gobiernos latinoamericanos y organismos financieros han venido promoviendo en los últimos 15 años un enfoque bastante exigente sobre el uso y destino de las remesas familiares. Que estas deben ser empleadas de manera eficaz y productiva. Que deben contribuir de manera sustantiva al ahorro nacional. Que debe empleárseles a escala para promover el desarrollo, etcétera.

Es muy poco -casi nada- lo que los gobiernos y organismos alcanzan a incidir para garantizar la seguridad de los migrantes o procurar que no sean objeto de abusos, queden excluidos de los servicios médicos o reciban salarios inequitativos y prestaciones laborales “flexibles”. Los trabajosos logros han sido fruto de la propia organización política de los migrantes en EE.UU.

Sin embargo, a la hora de contar los dólares -que en Latinoamérica y el Caribe ascendieron el año pasado a la significativa cifra de 45 mil 800 millones- autoridades, técnicos y dirigentes políticos dejan de lado la tímida agenda migratoria con Washington, para adoptar una abierta actitud injerencista sobre lo que debe o no hacerse con ese dinero. Nadie alega que traten de disminuir los costos financieros de los envíos de remesas. Pero, por otro lado, no falta quien proclame que la tarea de nuestros países es preparar mano de obra para enviar al extranjero, ya que es muy rentable.

Hemos invertido los papeles. No es a los migrantes y sus familiares a quienes se debe exigir eficacia en el uso del dinero, sino al Estado y la empresa privada en la colocación de sus inversiones. Eficacia que, por cierto, no se puede medir solo por crecimiento económico, sino, además, por indicadores de cohesión social: oferta de empleo, suficiencia de ingresos e integración familiar. O sea, la capacidad de ofrecer a los ciudadanos de estos países la opción de no salir.

Así, es válido preguntar, como lo hizo un grupo de expertos y líderes de organizaciones de migrantes reunido hace poco en Cuernavaca, México: “¿Por qué pedirles a los migrantes que inviertan productivamente las remesas y que las usen eficientemente (creando efectos multiplicadores en la economía), cuando otros sectores no lo hacen?” Las remesas no constituyen capitales empresariales capaces de dar una solución duradera al subempleo, los créditos onerosos, el déficit de vivienda o la escasa infraestructura. Son fruto de redes sociales de supervivencia y superación, y gestos de solidaridad que alivian la precariedad de millones de hogares. No pueden sustituir el rol del Estado y del capital empresarial.

Hay que volver la mirada hacia el otro lado: procurar políticas de desarrollo eficientes bien arraigadas en las comunidades, con inversiones e instituciones pertinentes. Que se considere a las remesas como parte de la dinámica de la economía local, pero que se abandone esa intención extractiva con que se les trata para asimilarlas, cual industria, al statu quo. Si de libertades y democracia hablamos, un derecho de la gente debería ser, si lo quiere, quedarse dignamente en su país, u orientar los ingresos a sus prioridades.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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